SEVILLA (1740)

El grabado pertenece al siglo XVIII,  denominado Siglo de las Luces o de la Ilustración. Sevilla se encuentra situada en la llanura aluvial del curso bajo del río Guadalquivir. El río recorre esta llanura con un curso lento y divergente y atraviesa la ciudad de Sevilla de norte a sur. Este emplazamiento otorga a Sevilla un trazado de plano irregular característico de la Edad Media. La ciudad esta situada en la margen izquierda del río a excepción del barrio de Triana, desde donde está tomada la vista, y el de Los Remedios.  En este siglo la ciudad quedó dividida en cinco barrios o distritos.

Tras el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492, el río tomo un papel muy relevante en la actividad económica de la ciudad. Allí estuvo el consulado marítimo, la Casa de Contratación del comercio con América y el puerto fluvial donde descargaban todas las mercancías que de allí llegaban. Para vigilar y tener constancia de todos los barcos que entraban, se construyó la Torre del Oro, que hoy es uno de los principales monumentos de la ciudad. Durante siglos el puerto de Sevilla tuvo una incesante actividad hasta que en el 1717 se trasladó el monopolio del comercio americano a Cádiz y la actividad mercantil decayó. Esto repercutió gravemente en la economía de la ciudad, que entró en recensión. A partir de entonces la economía dependió mucho más de la agricultura y de las reales fábricas, como la Real Fábrica de Tabacos, la Real Fundición de Artillería, la Real Fábrica de Salitre, el Real Almacén de Maderas y la Real Casa de la Moneda.

En el Siglo XVIII la ciudad se encontraba aún limitada por murallas que, además de tener una función defensiva, también tenía la finalidad de evitar las crecidas del río, dado que cuando su cauce aumentaba se producía serio riesgo de inundación. Más tarde fueron demolidas para favorecer el ensanche de la ciudad y dar cabida a las nuevas construcciones urbanísticas. La morfología del casco histórico es irregular y está caracterizada por tener calles muy estrechas como las del barrio de Santa Cruz. Eran de dimensiones reducidas para impedir la entrada del sol y combatir las altas temperaturas.

Los edificios más emblemáticos y de mayor importancia se encuentran en el centro de la ciudad. Allí se encuentra la Catedral, en la que destaca la torre de la Giralda, de origen almohade, el ayuntamiento de estilo plateresco, la Casa de la Contratación, que se utilizaba como registro de todo lo que entraba desde América, la Casa de la Moneda, y otros monumentos como el Palacio Arzobispal.  Con esto se deduce que la mayor actividad económica y religiosa se desarrollaba en esta parte de la ciudad.

Ana Belén Casero Ruedas
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *