LUGO (Francisco Coello de Portugal y Quesada, 1864)


Mapa grabado realizado por el cartógrafo y Coronel de Ingenieros Francisco Coello de Portugal y Quesada en 1864. Fue autor de los mapas de las provincias españolas recogidos en el Atlas de España y sus posesiones de Ultramar publicado entre 1847 y 1870 financiados con subvención gubernamental hasta que se publicó la primera hoja del Mapa Topográfico Nacional en 1875. Recuperado del blog «arqueotoponimia», podemos encontrar este mapa en los archivos de los fondos cartográficos del Instituto Geográfico Nacional de España.  

La ciudad de Lugo se encuentra en la zona Noroeste de la Península Ibérica asentada sobre una penillanura con relieve suave y ondulado a 462 metros de altitud y rodeada por el caudaloso río Miño y los ríos menores Chanca y Rato. El río Miño supone el accidente geográfico más notable ya que en su aproximación a la ciudad crea un amplio valle que se estrecha conforme se aleja de la misma. En cuanto al relieve, destaca en el suroeste el Monte Meda y en el noreste el Monte Labio con alturas comprendidas entre los 600 y 800 metros. La ciudad cuenta con un clima oceánico al registrar menos precipitaciones en verano y ser más abundantes en invierno, alcanzando una cifra de 1000 mm al año. Su temperatura media son 11,5 ⁰C.

Lugo es el asentamiento urbano más antiguo de Galicia, data del año 25 a. C. y se cree que se erigió o sobre un antiguo castro preromano o bien que la zona contaba con un lugar sagrado dedicado a la divinidad Luc en el que posteriormente se implantó un asentamiento militar. Su emplazamiento está determinado tanto por su céntrica localización en la zona denominada Gallaecia como por  la abundancia de agua del entorno con el caudaloso río Miño y la existencia de aguas termales; aspecto de suma importancia para la cultura romana. Los vestigios del acueducto del siglo I manifiestan la importancia del asentamiento en la época. El control romano de la ciudad sucumbe al pueblo suevo en el año 460 y en el año 585 pasa al mando visigodo hasta la conquista musulmana a principios del siglo VIII. Alrededor del año 750 Alfonso I ocupa Lugo incorporándolo al Reino Astur y nombra un obispo para su gobierno encomendándole la repoblación de la ciudad, aunque esto no se ha conseguido eficazmente en toda su historia. El poder eclesiástico ostentará la autoridad y jurisdicción de la ciudad durante la Edad Media. Este aspecto se refleja tanto en la Catedral de Santa María, que ha sido beneficiaria de mejoras y adiciones importantes en su estructura como son la girola o la Torre del Reloj; como en el Palacio Episcopal, situado en uno de los laterales de la catedral y construido en el siglo XVIII sobre una edificación anterior. Es notable la existencia de numerosas iglesias y conventos dentro y fuera de sus murallas. Asimismo, Lugo se convierte en paso del Camino Primitivo de la peregrinación a Santiago con lo que aumenta su relevancia respecto de otras poblaciones cercanas. Ya en la Edad Moderna pierde relevancia respecto de Santiago de Compostela, iniciando una época de decadencia que se revertirá con la concesión en 1754 del privilegio real para la celebración de las Ferias de San Froilán. Esto la convirtió en la gran capital agraria de Galicia para el comercio de ganado. Con el auge de esta actividad se hizo necesaria la adecuación de un espacio intramuros amplio, por lo que se derribó el Convento de las Agustinas en 1840 para ampliar la Plaza Mayor resultando tal y como se refleja fielmente en el mapa. La invasión francesa supuso el saqueo de numerosos bienes eclesiásticos y por lo tanto un importante varapalo a su riqueza.

La imagen ilustra la realidad de la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX. El elemento más representativo es la muralla romana construida entre los siglos III y IV que destaca por ser la única del mundo que conserva todo su perímetro hasta la actualidad (2.150 metros) y ser pedestre en toda su extensión. La operación Muralla Limpia (1972) derriba las edificaciones adosadas a la misma para así recuperar su esplendor, hecho que favoreció su declaración como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. En la imagen podemos observar que la muralla cuenta con cinco puertas originales: Miñá, Falsa, San Pedro, Nova y Santiago. Dichas puertas permitían el desarrollo de la vida en la ciudad y servían de comunicación con las principales poblaciones de la época: Astorga, La Coruña y Braga. Además, en ellas se procedía al cobro del portazgo y al control de la población en los fielatos, que se conservan en la actualidad. Dichas puertas determinaron el trazado urbano de la ciudad y se puede apreciar en las calles que nacen en ellas y las conectan con otros puntos significativos de la ciudad. Destaca la rúa Nova cuyo trazado rectilíneo y extenso la conecta con el otro extremo del recinto. Cerca de las puertas se observan pequeñas construcciones que buscan proximidad a las mismas. Y en la zona este del mapa destaca el asentamiento más antiguo extramuros, que es la barriada del Carmen (contaba incluso con cementerio) cuyo asentamiento se vio favorecido por la cercanía a las puertas Miñá y Santiago que daban salida hacia el Camino de Santiago. El crecimiento de la ciudad y las nuevas necesidades de la época, derivaron en la apertura de nuevas puertas en la muralla. Tal fue el caso de la Porta de la Estación, que se abrió para dar acceso a la estación con la llegada del ferrocarril en 1875. Hasta un total de cinco puertas fueron abiertas desde 1853 hasta 1921 para mejorar la habitabilidad de la ciudad una vez superada la necesidad defensiva de su origen. Siendo un asentamiento de origen romano, se aprecia claramente su morfología irregular, con un trazado no uniforme e irregular, con callejones estrechos, codos y adarves sin salida. El trazado se adapta a la estructura de la muralla, que desempeña un claro papel de línea de fijación de este espacio urbano. La urbanización se ajusta a los principales elementos urbanos como son las puertas existentes en la muralla y a los edificios más relevantes que son la Catedral (declarada Patrimonio de la Humanidad en 2015), las iglesias, los conventos y las plazas. Podemos apreciar que la zona más urbanizada se concentra en la zona sur siendo el centro de la vida urbana el eje comprendido entre la Catedral y la Plaza Mayor. Es llamativa la existencia de importantes espacios destinados al cultivo de huertas y frutales dentro de la muralla, reflejo de dos aspectos ya mencionados: la ausencia de presión poblacional y la naturaleza agraria de la zona. Dicho carácter eminentemente agrario se mantiene hasta nuestros días reflejado en los estudios universitarios que alberga su campus (Ingeniería Agrícola, Forestal o Veterinaria). Y la carencia de presión poblacional intramuros favoreció la conservación de la muralla romana, destacando como elemento arquitectónico monumental hasta nuestros días.

Lugo en la época de la imagen experimenta los cambios típicos derivados de las desamortizaciones de Mendizábal en 1835 y Espartero en 1840. La expropiación forzosa de bienes y terrenos de la Iglesia para su posterior subasta liberó espacios que tuvieron dos destinos: edificaciones destinadas a servicios públicos y administrativos al haber sido nombrada Lugo como capital de provincia en 1833 o viviendas típicas de la época para la pujante burguesía lucense y la aristocracia rural que así se trasladó a vivir al centro de la actividad económica local. Por ello, la población lucense se incrementó de manera espectacular en la segunda mitad del siglo XIX con la llegada de funcionarios, profesionales liberales, artesanos y la clase burguesa, evidenciando el tránsito al nuevo orden social, pasando de 8.000 habitantes en 1857 a 10.700 en 1900. La evolución en la segunda mitad del siglo XIX hacia una nueva modernidad se refleja en diversas actuaciones para adaptar la ciudad a las nuevas necesidades y tendencias: se construye un nuevo acueducto aprovechando las captaciones de agua romanas pero con un trazado paralelo al construido en el siglo I, se edifica la Casa Consistorial en uno de los extremos de la Plaza Mayor, se inaugura un nuevo cementerio extramuros por la demanda derivada del incremento de la población, se instala el alumbrado público eléctrico, se procede al progresivo empedrado de las calles, se crean zonas verdes, se derrumban edificios eclesiásticos para la ampliación de plazas o nuevos trazados urbanos para crear ejes transversales que facilitasen las comunicaciones en la ciudad. Todos estos avances exponen las intervenciones urbanísticas típicas de las ciudades industriales del siglo XIX.
Lugo se mantiene hasta la actualidad como una ciudad de provincia con relevancia menor. 

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