PARIS (J. B. Bourguignon D’Anville, siglo XVIII)

 

Esta imagen muestra una parte de la ciudad de París tal como se conservaba en el siglo XVIII. Su autor es el geógrafo francés Jean Baptiste Bourguignon d’Anville y en ella todavía puede apreciarse el trazado urbano medieval de la Íle de la Cité y sus alrededores. 

París en su origen era conocida como Lutéce o Lutecia. Fue fundada en el año 52 a. C. por los romanos, que ampliaron un pequeño asentamiento de pescadores celtas (los Parisii), construído en el siglo III a. C. en la Île de la Cité, en mitad del río Sena. Desde esa época, el Sena ha tenido una gran importancia en el desarrollo de la ciudad, ya que ha sido la base de sus relaciones comerciales y punto de comunicación con su entorno geográfico.

A partir del siglo III d. C. la ciudad fue cristianizada cuando, según la tradición, San Dionisio se convirtió en su primer obispo. Con el afianzamiento de la dinastía de los Carpeto, París se llenó de centros monacales que contribuyeron al asentamiento de la población y a la creación de centros culturales que pronto figurarían a la cabeza de Europa, como el priorato cluniacense de Saint Martin-des-Champs, y las abadías de Santa Genoveva y Saint Germain-des-Prés.

A finales del siglo XII, se fundó en las proximidades de la Íle de la Cité el mercado de “Les Halles”, lo que favoreció la expansión de la ciudad a ambos lados del Sena e hizo necesaria la construcción de puentes que comunicaran las diferentes partes de la ciudad, para facilitar el comercio. Los puentes terminaban en torres para defender la ciudad de los ataques de los enemigos. De esta época se pueden destacar el Petit Point y el Grand Point (actualmente Point Notre Dame) que unen la Île de la Cité con las dos orillas del Sena. El que aparece en la imagen fue originalmente construido en la época Romana, aunque posteriormente fue destruido y reconstruido varias veces. Actualmente encontramos allí el Pont de la Tournelle, que comunica el Barrio Latino con la Île Saint Louis.

La ciudad medieval de Paris tenía un plano irregular y estrecho, pero el núcleo romano se organizaba en torno a dos ejes transversales, que iban de norte a sur y de este a oeste. El punto donde cortan ambos ejes es la Plaza Maubert, que actualmente continúa existiendo aunque con grandes cambios, como el tamaño, ya que ahora es más pequeña. Los ejes también se mantienen, el eje este-oeste es actualmente el Boulevard de Saint Germain.

En cuanto a los elementos urbanos, podemos apreciar que hay edificios dentro y fuera  de la muralla. Dentro de la misma están los que se consideran de un valor especial, es decir, los vinculados a las clases nobles, los de funciones religiosas y los de carácter público. Extramuros se encuentran las granjas y campos de cultivos. Entre los edificios más significativos del período medieval podemos citar la catedral de Notre Dame y la Sainte Chapelle. Pero lo más importante fue la creación de la primera universidad, La Sorbona, en 1257, lo cual transformó a la ciudad en el principal centro cultural del mundo.

En el siglo IX, a raíz de los ataques de los vikingos, se construyó una fuerte muralla para proteger la ciudad. Hasta el siglo XIX París fue una ciudad fortificada, lo que explica su morfología circular, ya que los bulevares concéntricos fueron reemplazando las sucesivas ampliaciones de las murallas. Esto también tuvo consecuencias en la densidad de ocupación del suelo y la escasez de espacios libres, lo que al final hizo necesaria la demolición de las murallas y una profunda remodelación del trazado interior de la ciudad, que fue llevada a cabo por el barón Haussmann.

La imagen muestra concretamente parte de los dos principales conjuntos urbanos de la época, la Île de la Cité, donde destacan principalmente de esta época la Catedral de Notre Dame y Saint Chapelle, y el margen izquierdo del rio Sena, el barrio más antiguo construido por los Romanos, el llamado Barrio Latino (“Quarter Latin”), y posteriormente Distrito V de París. En esta zona se desarrollaron las villas y los monumentos más impresionantes, como las termas de Cluny, la biblioteca de Santa Genoveva, la iglesia de Saint Etienne du Mont, y centros universitarios y educativos como la Sorbonne. Debido a ello era un barrio eminentemente estudiantil.

Verónica Sacristán García
 

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