SANTANDER (Joris Hoefnagel, 1575)

Esta imagen de la ciudad de Santander, dibujada por Joris Hoefnagel, pertenece al atlas Civitates Orbis Terrarum, publicado a finales del siglo XVI. La concesión del fuero en 1187, y la construcción del edificio catedralicio, así como el castillo de la villa, consolidaron lo que más tarde se llamó la Puebla Vieja de Santander. Durante el siglo XVI el crecimiento de la villa hacia el norte, con el apoyo directo de la Iglesia, permitió que en muy poco tiempo la ciudad triplicara su espacio. La construcción de un puente y la creación de un buen número de nuevas calles y edificios permitió el progresivo asentamiento de nuevos habitantes.

 

Se formaron de esta manera dos espacios perfectamente diferenciados: la Puebla Nueva, ocupada por la nueva población que fue llegando, y la Puebla Vieja, de origen medieval. Con esta ampliación, la ciudad comenzó a envolver al puerto, resguardándolo, y pasando a ocupar éste una situación central en torno al que se asienta de forma equidistante toda la ciudad. Para que proteger a la población se llevó a cabo  la construcción de una muralla que diferenciase claramente el espacio interior, privilegiado gracias al fuero, con respecto al exterior, que al depender de la propia villa tenía menos privilegios.

 

La disposición de la nueva población es totalmente regular, con calles rectas que siguen la línea de la ría. Se organizaba en torno a una gran calle, continuación del puente que hay sobre la ría. Esta gran vía cortaba todas las calles transversales, con las que se comunicaba. La llegada a la  villa de numerosos vecinos que antes habitaban en el medio rural supuso una traslación de los tipos de construcciones y su posterior adaptación a las necesidades urbanas. Por ello casi todas las casas comunes eran prácticamente iguales. Se repetió así un modelo de vivienda funcional y adaptado a las condiciones climáticas: casas unifamiliares con un máximo de dos alturas, la primera a nivel de la calle y, sobre ella, un primer y único piso.

 

Desde la Edad Media también se fueron realizando obras en los puertos. Una de las más importantes fue la construcción del muelle Cay, para facilitar la carga y descarga de mercancías. Arrancaba de las inmediaciones del castillo, existiendo una puerta en la muralla que permitía el acceso directo hasta este punto. Su objetivo era facilitar la tarea a los barcos, pues era el único suelo firme al que podían acercarse sin peligro de encallar; de esta forma se agilizaban las labores de descarga al efectuarse directamente desde la nave sin tener que emplear pequeñas barcas para acercar el producto hasta la costa.

 

A finales del siglo XVI, una sucesión de plagas de peste, que  se cebó sobre una población debilitada por crisis de subsistencias, provocó en Santander un largo declive económico y demográfico, que causó la perdida de prácticamente tres cuartas partes de los habitantes. El abandono de las viviendas provocó que numerosas casas fueran destruidas mientras que otras quedaron muy deterioradas.

 

Desde la concesión del fuero, los vecinos de Santander muestran una clara orientación hacia la pesca y alcanzan fama en esta actividad fuera de nuestras fronteras. Gracias al dominio de sus embarcaciones, a las características específicas de éstas y a la destreza en la navegación, fueron capaces de navegar por cualquier mar hasta entonces conocido. Por encima de la pesca,  no obstante, la actividad más importante por la que el puerto de Santander se convirtió en uno de los más relevantes de Castilla fue el comercio de ultramar. Además, éste ha sido un lugar especialmente elegido por comerciantes y monarcas para la reunión de las grandes flotas y armadas para acudir hacia los grandes puertos y mercados.

 
Alba Navarro Carreras
 

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