CÁCERES (Vicente J. Macine, 1845)

 

Esta imagen corresponde a un plano geométrico de la ciudad de Cáceres, realizado en 1845 por Vicente J. Macine. Este tipo de planos, muy habituales en el siglo XIX, fueron denominados “geométricos” porque representaban de manera muy sencilla las manzanas de construcciones y las vías principales de un núcleo urbano, sin expresar el nombre de las calles ni ninguna otra información superflua. Normalmente mostraban toda la ciudad y su entorno circundante, por lo que constituían un buen punto de partida para planificar reformas interiores, mejoras de salubridad, planes de alineamiento y futuros ensanches.

El casco antiguo de Cáceres fue fundado por los romanos entre los siglos 18 y 10 a. C. De ellos aún encontramos numerosos restos arqueológicos, como fragmentos de calzada construidas con grandes losas de piedra. Posteriormente la ciudad pasó a manos de los musulmanes, que situaron el Alcázar y la Mezquita en el punto más elevado, por razones fundamentalmente defensivas. En este espacio actualmente se encuentran las iglesias de Santa María y San Mateo, construidas a partir de la reconquista cristiana. Como restos de la ciudad musulmana aún podemos ver el Aljibe, que servía para la recogida de agua en los días de lluvia, y la Judería Vieja.

Pero lo que más caracteriza al casco antiguo de Cáceres es su trazado urbano medieval, de carácter laberíntico e irregular. De esta época es también el recinto amurallado, del que se conservan abundantes restos. La muralla servía para proteger la ciudad y con el paso de los siglos terminó por dividir a la misma en dos áreas diferenciadas. La interior, más elevada y noble, en la que se localizan  casas palacio, iglesias y edificios ricos; y la exterior, formada por suburbios pobres que se extendieron por la parte baja de la ciudad durante la Edad Moderna. Entre medias de estos dos niveles se organizó lo que se conoce como Plaza Mayor, que fue utilizado como punto de reunión y centro de la vida social y comercial de la ciudad.

Tras la inestabilidad social, las guerras y una fuerte recesión económica, en la segunda mitad del siglo XIX Cáceres se estancó en una población de 15.000 habitantes. A partir de 1842 se produjo una revolución en el negocio inmobiliario gracias a la Ley de Libertad de alquileres, que trajo consigo una demanda creciente de viviendas y la construcción de barrios nuevos más allá del límite de las murallas. En unos casos se hizo siguiendo ejes lineales que conectaban el centro con la periferia, y en otros un tipo de plano ortogonal, como en los ensanches. Posteriormente aparecerieron edificios de funciones culturales y hospitalarias hasta el siglo XX, donde Cáceres comenzó a actuar como punto proveedor de bienes y servicios.

Actualmente Cáceres constituye el centro comercial y administrativo de una comarca eminentemente agrícola y ganadera. Su industria, todavía poco desarrollada, se centra en el sector alimentario. Las actividades turísticas y de ocio están generando un impacto económico cada vez mayor, gracias a que la Ciudad Vieja de Cáceres posee un excepcional conjunto monumental que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986.

Lourdes Galán González
 

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