17/06/12

MATARÓ (Lluís Esplugues, 1872)

La imagen analizada es una pintura de Lluís Esplugues del año 1872, que muestra la ciudad de Mataró desde el mar, cuando todavía conservaba gran parte de su trazado urbano original aunque ya había comenzado su desarrollo industrial.

La estructura urbana de Mataró, sin embargo, estuvo condicionada por su cercanía a la costa y una  muralla que la defendía de los ataques piratas desde el siglo XVI. La primera muralla estuvo en torno a la basílica de Santa María, pero con el posterior crecimiento demográfico se hizo imprescindible la construcción de una segunda muralla que protegiera a la ciudad de los saqueos. Sus obras fueron autorizadas por el virrey en 1569 pero hubo complicaciones con algunos propietarios afectados, que se mostraron estaban disconformes. Esto retrasó la construcción hasta que en 1579, el virrey Fernando de Toledo ordenó el levantamiento de la muralla siguiendo el proyecto diseñado por el ingeniero real J. de Setara. Hoy día, es difícil ver la muralla porque ha quedado derruida, pero sí quedan algunos fragmentos que dejan intuir su recorrido.

El crecimiento demográfico fue constante a lo largo del siglo XVIII. Se vio potenciado por la afluencia de inmigrantes de otras poblaciones atraídas por el creciente tráfico comercial y el desarrollo de la industria textil, además de por ser capital de corregimiento y, por tanto, centro burocrático. Al entrar el siglo XIX continuó el crecimiento demográfico exceptuando el paréntesis de 1854, cuando la epidemia del cólera arrasó la ciudad, dejando unas 2.000 personas muertas. De todos modos, la población experimentó un continuado crecimiento global a lo largo de este siglo y los siguientes, principalmente motivado por la Revolución Industrial.

Anteriormente al desarrollo de la industria, la economía estaba dominada por actividades del sector primario,  sobre todo por la viña, que constituía la mayor riqueza agrícola de Mataró en el siglo XVIII. En el catastro de 1757 se da una muestra de las superficies ocupadas por los diferentes cultivos: 46,8% de viña, 38% de bosque, 6% de campo, 4% de huerta y 5,4% de olivos. Se observa, con el paso del tiempo, un crecimiento de las cosechas debido, seguramente, a un mayor aprovechamiento del espacio y a la modernización de la agricultura. Se destaca la excelente calidad del vino en la época. Como subproducto del vino también se fabricaba aguardiente que, aunque no llegó a tener la relevancia del vino, tuvo un pequeño papel en la producción de la ciudad. El rendimiento de la agricultura, no obstante, fue perdiendo peso en la economía de la ciudad durante el siglo XIX.

El mar también jugó un papel decisivo en la economía de la ciudad. La población implicada en este sector (marineros, pescadores,…) formaban un mundo aparte con costumbres que les diferenciaban de los que trabajaban en tierra firme. Una de las actividades de los pescadores era la de navegar hasta Ayamonte (Huelva) y enseñar a sus habitantes el arte de la salazón de la sardina. La comarca de Mataró fue una de las que más población tenía registrada como profesionales del mar en toda Cataluña. A finales del siglo XVIII disminuyó la población dedicada al mar, perjudicada por la guerra contra los ingleses.

En cuanto al comercio, la primera liberalización del comercio con América decretada por Carlos III en 1765, permitió una importante participación de Mataró en la carrera de las Indias, gracias a que el viaje al Nuevo Mundo se pudiese formalizar sin la obligación de pasar por el registro de Cádiz. El peso de la actividad marítima disminuyó también en el siglo XIX, a favor de otras poblaciones vecinas.

Pero el verdadero impulso económico de la ciudad vino a partir de la construcción del primer ferrocarril de la península entre Barcelona y Mataró, autorizada por el gobierno central y financiada por capital privado (por Miquel Biada). Supuso un importante paso en las comunicaciones y la entrada de la Revolución Industrial en la comarca. La utilización del ferrocarril, en todos los sectores, tuvo un impacto económico importante en los costes empresariales y en la estructura de los mismos dentro de la economía.

La introducción de las máquinas impulsadas por la fuerza motriz del vapor, constituyó toda una revolución en el campo industrial y el principio de la industrialización en la ciudad. La proximidad al mar favorecía el transporte del carbón que se utilizaba para dichas máquinas. Desde ese instante aumentaron en la panorámica mataronesa las chimeneas de los vapores, que iban a darle una nueva fisonomía al caserío urbano…  y un importante impulso económico a la ciudad. Supuso el paso de la ciudad preindustrial a la industrial.

Raquel Villaverde Pastor