MADRID (Antonio Van der Wyngaerde, 1562)

La imagen que elegida es una de las 62 vistas de ciudades españolas realizadas por el dibujante flamenco Anton van den Wyngaerde en la segunda mitad del siglo XVI, por encargo de Felipe II. Los dibujos tienen un gran nivel de detalle y meticulosidad, como puede apreciarse en este de la ciudad de Madrid. La imagen permite ver con claridad tanto el ámbito geográfico como los principales monumentos y aspectos urbanísticos de Madrid en el año 1562, desde su extremo occidental.

Podemos observar en primer lugar el paisaje en el que se asienta la ciudad, sobre un promontorio a cuyos pies se abren varios barrancos. Este emplazamiento, de origen musulmán, le concede un carácter estratégico y defensivo, aunque también le ocasionará una serie de limitaciones topográficas, como que las futuras ampliaciones de la ciudad necesariamente tuvieran que hacerse hacia el noreste, y que el caserío estuviera dispuesto en las zonas elevadas, sobre el río. El emplazamiento junto al río añadiría al interés militar otros valores muy importantes, pues era un territorio rico en aguas gracias a las acequias construidas por los árabes, que posibilitaron el desarrollo agrario. En el dibujo se ve en primer término la ribera del Manzanares y las tierras de cultivo en torno suyo, que actualmente coinciden con el barrio de Carabanchel.

La estructura de la ciudad presentaba un núcleo central condicionado por los sucesivos recintos amurallados árabes y cristianos, y un campo circundante que se fue incorporando a la trama urbana debido al aumento de la población. Este incremento tuvo como consecuencia la ocupación de los espacios que había en las cavas de la muralla y extramuros. La morfología es irregular, como resultado de un crecimiento no planificado, con calles estrechas, cortas y retorcidas, al que se fue añadiendo un trazado radiocéntrico que vino determinado por los caminos que llegaban a las puertas de las murallas, y que con el crecimiento de la población terminarían siendo sustituidos por calles o plazas. Esta estructuración dio lugar a una serie de medidas como la erradicación de fraguas, herrerías y mataderos de la villa y su nuevo emplazamiento en el arrabal.

El elemento más visible en la imagen es quizás la muralla medieval, que sería reforzada poco después, en 1566. La historia de la muralla comienza con el dominio islámico y la propia fundación de la ciudad, que fue construida al mismo tiempo que la fortaleza de Mayrit (850-866), con el objetivo de vigilar el camino fluvial del río Manzanares. Con la conquista cristiana de Mayrit, en siglo XI, el primitivo recinto amurallado fue ampliado, levantándose una de mayor perímetro conocida como la muralla cristiana de Madrid. Esta muralla, a diferencia de la árabe que estaba estructurada en torres cuadrangulares, se articuló a partir de torreones semicirculares. Existían cinco puertas de acceso a la ciudad: la Puerta de la Vega en la muralla árabe, la Puerta de Moros, la Puerta Cerrada, la Puerta de Guadalajara y la Puerta de Balnadú, de las que hoy en día no se conserva ninguna.

La muralla acabó utilizándose para adosar casas a ambos lados y servir de medianería. La villa madrileña no perdería su función defensiva en ningún momento aunque a partir de 1463, cuando le fue concedido su primer mercado, fue desarrollando una creciente actividad comercial que se celebraba en la plaza junto al Alcázar árabe. Posteriormente se abrieron otros dos mercados extramuros de la ciudad.

En 1561 Felipe II trasladó la corte a Madrid, instalándola en el Alcázar, que es otro de los elementos destacados de la imagen, en su extremo izquierdo. El Alcázar se fue ampliando durante los siglos XVI y XVII hasta convertirse en la residencia principal de la monarquía española. Ya había ejercido como tal en determinados momentos durante el reinado de la dinastía Trastámara, y continuó haciéndolo hasta su destrucción en1734, a causa de un incendio. Además, era sede de muchos tesoros artísticos que se perdieron en el incendio, entre ellos mas de 500 cuadros, aunque otros pudieron rescatarse, como por ejemplo Las Meninas de Velazquez. Sobre las ruinas del Alcázar se contruyó a lo largo de todo el siglo XVIII el llamado Palacio Real Nuevo, que es el que subsiste en la actualidad en esta localización.

Gracias a la llegada de la corte, la villa pasó de tener casi 13.000 habitantes a casi 30.000 al final del siglo XVI. Los motivos por los cuales Felipe II decidió situar en Madrid su capital fueron varios. Por un lado, el deseo de separar la corte de la influencia del arzobispo de Toledo, y por otro, la incomodidad de la reina, que se asfixiaba entre los muros del Alcazar toledano. La situación geográfica de Madrid, en el centro de la Península Ibérica, su clima suave y su magnifico entorno natural, rodeado de bosques propicios para la caza, terminaron de convencer del cambio. El caso es que a partir de entonces Madrid se convirtió en centro político del Imperio Español.

A consecuencia de su capitalidad, la población de Madrid experimentó un crecimiento demográfico vertiginoso y un desarrollo urbanístico muy desordenado. A la ciudad llegaban gentes de todas partes para cubrir las necesidades de la corte (secretarios, escribanos, funcionarios, letrados), así como aventureros, pícaros y aspirantes a cargos en la administración del Estado. Por este motivo, la economía de la época también se vio transformada, pues lo que era un simple pueblo centrado en actividades agrícolas, se transformó en una gran ciudad de funciones político-administrativas y nuevas actividades económicas centradas en el sector de servicios.

En 1562 Felipe II adquirió a la familia Vargas los campos y huertas de la actual Casa de Campo para convertirlas en coto de caza. Esta zona viene representada a la izquierda de la imagen. A los pies del Alcázar se distingue el Campo del Moro, que pretendía ser un jardín privado para uso real, con el objetivo de salvar eldesnivel existente entre el Alcázar y la hondonada del río Manzanares. La iniciativa también surgió en la época de Felipe II pero no tuvo éxito y más tarde no pudo llevarse a cabo por las dificultades del terreno. Por fin, en 1810 el arquitecto Juan de Villanueva inició sus obras diseñando una gruta artificial para conectar los jardines del Palacio Real con los de la Casade Campo, al otro lado del Manzanares.

Otros elementos que aparecen en el dibujo son la Cuesta de San Vicente, el Puente de Segovia y el Puente de Toledo. La Cuesta de San Vicente era antiguamente un camino que comunicaba la Montaña del Príncipe Pío y el Campo del Moro, y que ganó mportancia en el siglo XIX, cuando se construyó la Estación del Norte, puesto que convirtió a la calle en una de las principales entradas a la capital. 

El Puente de Segovia es el puente más antiguo de Madrid, construido por el arquitecto Juan de Herrera entre los años 1582 y 1584 por orden de Felipe II. Consta de nueve arcos desiguales de medio punto, que desde el central decrecen simétricamente hacia ambos lados. En la imagen ya se observa el puente, pero no el de Herrera, sino uno anterior que se destruyó para construirle. El puente fue volado en la Guerra Civily posteriormente reconstruido, introduciendo algunas variaciones con respecto al diseño original.

Más a la derecha encontramos el Puente de Toledo o, como se denominó antiguamente, Puente de la Toledana. Fue proyectado por Juan Gómez de Mora entre 1649 y 1660, pero una crecida del río Manzanares lo destruyó. En 1671 se construyó otro que fue arrastrado otra vez por una riada y de nuevo volvió a levantarse en 1684. Finalmente, en 1715 se encargó una nueva reconstrucción a Pedro de Rivera, resultando una estructura de nueve arcos de medio punto construidos con sillares de granito.

Entre medias del caserío urbano destacan las construcciones religiosas, que conforman un paisaje urbano caracterizado por el gran número de torres y cúpulas. Sobresalen las de las iglesias de San Gil, San Juan, Santiago, San Salvador, San Miguel de Octoes, San Nicolás, Santa María, San Justo, San Pedro,la Capilladel Obispo, San Andrés y extramuros San Francisco. De entre todas mencionar la de San Nicolás porque es la más antigua de Madrid, con una torre campanario de estilo mudéjar y que aun conserva la estructura original.

Finalmente, otros edificios religiosos que ocupan un espacio importante son los conventos, como el convento de Santa Clara, que fue el primero de este tipo que se ubicó dentro del perímetro amurallado, el de la Concepción Jerónima, el de la Concepción Francisca y otras fundaciones como San Jerónimo el Real y el Hospital de la Latina.

Gema García García y Pablo Martínez Rebollo

 

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