ROMA (Canaletto, 1754)

Esta famosa plaza de la ciudad de Roma conserva el trazado del antiguo circo romano sobre el que se asentó, el Circo de Domiciano, que fue construido en el año 86 d. C. Infraestructuras como ésta fueron muy comunes en el mundo romano, y servían para acoger competiciones atléticas y carreras hípicas, sobre todo de cuádrigas, que se denominaban agones. Con el tiempo, el vocablo fue evolucionando, cambiando de in agone a navone, y de ahí a la actual Piazza Navona.

Poco a poco, lo que se correspondería con las gradas del circo comenzó a ser ocupado por familias que construyeron allí sus casas, además de un pequeño santuario en el lugar donde Santa Inés fue martirizada. Posteriormente, la noble familia Pamphili erigió su palacio junto al santuario. Fue entonces cuando el espacio quedó configurado como una plaza completamente rodeada de edificaciones, que  tomó la función de mercado después de que en 1477 el Papa Sixto IV trasladase allí el mercado central del Campidoglio. Desde 1869 el mercado se reubicó en la Piazza Campo de Fiori y la Piazza Navona desarrolla hoy funciones esencialmente turísticas y de restauración.

Durante el mandato del Papa Inocencio X, perteneciente a los Pamphili, la plaza fue remodelada con el fin de embellecer el entorno de su residencia familiar. El Papa costeó la construcción de la nueva iglesia de Sant’Agnese in Agone, así como la edificación de las tres fuentes monumentales que se pueden apreciar en esta pintura de Canaletto, realizada en 1754: son la Fontana dei Quatrro Fiume, la Fontana di Nettuno y la Fontana del Moro, las cuales sirvieron para mejorar la dotación de agua en esta zona de la ciudad.

La más importante de todas es la Fontana dei Quattro Fiume (Fuente de los Cuatro Ríos), diseñada por Gian Lorenzo Bernini en 1651 y situada en el centro de la Plaza. Representa los principales ríos de los cuatro continentes conocidos en aquel momento histórico: el Nilo (África), el Danubio (Europa), el Ganges (Asia) y el Río de la Plata (América). Entre 1652 y 1866 la Piazza Navona adquirió, además, una singular tradición. La plaza se inundaba todos los fines de semana de agosto, convirtiéndose en un lago artificial en honor a la familia Pamphili.

Entre los elementos urbanos hay que destacar también el obelisco, que a pesar de haber sido tallado en Aswan, no tiene su origen en la civilización egipcia, sino en la Antigua Roma. Se erigió en el siglo I d. C. por encargo del emperador Domiciano, cuyo nombre aparece grabado en el obelisco en escritura jeroglífica. Además, contiene una escena en la que una diosa presenta la Doble Corona de Egipto al emperador. Gracias a esta imagen, se concluye que el motivo de esta construcción fue una alegoría del acceso al poder de Domiciano. Erigido en granito rojo con una altura de 16’54 metros, el obelisco fue levantado definitivamente en la Plaza Navona por decisión de Inocencio X, en conmemoración de su elección como pontífice, esculpiéndose posteriormente la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini, sobre la que se encuentra.

La Plaza Navona de Roma es un ejemplo muy interesante de la evolución del espacio urbano. De sus orígenes como estadio romano, pasó a convertirse en un mercado medieval, hasta culminar, como uno de los mejores ejemplos del barroco romano, en una plaza pública. Sin embargo, nunca ha perdido ni su carácter lúdico ni su poder de congregar a la gente a su alrededor, llegando a celebrarse en ella representaciones teatrales o carreras de caballos, como antiguamente. La Plaza Navona no es sólo es una de las plazas más bellas y famosas de Italia, sino que, como parte del centro histórico de Roma, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Lidia Vázquez Sánchez

 

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