MADRID (Frederic de Wit, siglo XVII)

La imagen es un grabado de la villa de Madrid. Se piensa que fue realizado por Frederic de Wit a mediados del siglo XVII, como podemos comprobar en la esquina inferior derecha, donde se ve una referencia que dice “Amstlodami F. de Wit excudit».  Más precisamente, los historiadores creen que fue dibujado a principios del siglo XVII por Juan Gómez de Mora, luego coloreado por Antonio Mancelli y finalmente grabado por Frederic de Wit. La imagen coloreada que se atribuye a Antonio Mancelli, a diferencia del grabado de Wit, no tiene fecha ni autor ni escala.

Al leer el nombre del grabado “Villa de Madrid corte de los Reyes Católicos de Espanna”, nos podría llevar a pensar que se trata de un grabado de la época de los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, por lo que el plano estaría mal nombrado teniendo en cuenta que Madrid no fue corte hasta 1561, cuando Felipe II convirtió a Madrid en capital del reino. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el título de Rey Católico fue heredado por los sucesores de los Reyes Católicos. De hecho, en el artículo 169 de la Constitución de 1812 aún se establecía que “El Rey tendrá el tratamiento de Majestad Católica.”

Otro punto que puede parecer confuso es el nombre recibido por el Palacio Real, que no es el que existe actualmente en la Plaza de Oriente de Madrid, sino el antiguo Alcázar de origen musulmán que se encontraba en la misma localización. Pero Wit lo nombra como “El Palacio del su Mag. Chatolica” porque el grabado se realizó posteriormente a la fecha en que Felipe II estableciera Madrid como sede de la corte.

La Villa de Madrid comenzó siendo, según demuestran ciertos restos arqueológicos, un emplazamiento romano situado al borde del río Manzanares, donde hoy en día podemos encontrar el tramo 2 del Parque Lineal. Posteriormente, los musulmanes construyeron una fortificación a la que llamaron “Magerit”, palabra de la que viene su actual denominación. Estaba emplazado en el margen izquierdo del río, sobre un cerro, lo que hacía de la fortaleza un lugar más seguro para la defensa contra los enemigos, ya que la altura dificultaba el acceso al emplazamiento. Como podemos observar, el Palacio Real, antiguo Alcázar musulmán, se sitúa en el extremo de la ciudad en la zona más alta de la villa, pegada al borde del cerro, donde se encuentra parte de la muralla árabe que rodeaba la fortaleza de Magerit. También se aprecia que la ciudad tiene un trazado irregular, típico de la Edad Media.

A partir de la consolidación de Madrid como corte, la población comenzó a crecer considerablemente, lo que hizo que la ciudad se expandiera sin orden. La ampliación se desarrolló hacía el este, dejando el río Manzanares como frontera natural. La belleza e interés arquitectónico de sus edificios eran mínimos, centrándose en la utilidad de los mismos, con el fin de cobijar a todos los inmigrantes llegados a la corte. Las calles y plazas eran estrechas y asimétricas. Durante los siglos XVI y XVII se trabajó por mejorar los accesos a la ciudad. Por ejemplo es en este periodo cuando el arquitecto real Juan de Herrera construyó el Puente de Segovia sobre el río Manzanares, el cual facilitaba las comunicaciones con el Escorial y la Real Casa de Campo.

En 1566 el monarca ordenó la construcción de la tercera muralla de la villa. Se levantaron edificios nobiliarios, iglesias y conventos, como la Casa de la Panadería (1590), el Convento de los Agustinos Recoletos (1592) o el primer Hospital General de la Villa (1596); un año después de la muerte del monarca se iniciaron las obras de la primera Puerta de Alcalá. De 1616 data la construcción de la Plaza Mayor y en 1618 la monarquía adquiere y amplia los terrenos que actualmente conforman los Jardines del Buen Retiro. Finalmente, en 1625, se construyó la cuarta muralla de Madrid, que pasa por la actual calle Princesa, el Paseo del Prado y se extiende hasta la actual calle de Fuencarral.

Durante la dinastía de los Habsburgo se construyeron todos los edificios necesarios para la administración de la Monarquía Hispánica: la Ceca (en la actual plaza de Oriente), el Palacio de los Consejos (actual Capitanía General), la Cárcel de Corte (actual palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores), etc. También se multiplicaron el número de iglesias parroquiales y capillas, como la iglesia de San Cayetano, la Capilla de San Isidro o la iglesia de San Ginés. Es en este periodo cuando Madrid vive su mayor apogeo cultural. Entre los siglos XVI y XVII coincidieron en la capital escritores como Quevedo, Calderón de la Barca, Lope de Vega, Luis de Góngora o Tirso de Molina, pintores como Velázquez e incluso artistas internacionales como Peter Paul Rubens.

La población que se encontraba en la Villa de Madrid en aquella época estaba compuesta por cortesanos, burgueses y letrados, nobles y aristócratas de círculos cercanos al rey. Un número bastante elevado de clérigos, eclesiásticos, frailes y monjas que respondían a la necesidad de atender hospederías de las diferentes órdenes, colegios, oratorios, hospitales, cofradías y hermandades. La burguesía suministraba tres frentes de servicios y producciones que necesitaba la población. Estos eran: los mercaderes y vendedores, desde los de caros y lujosos productos, hasta los de primera necesidad; los artesanos o fabricantes de manufacturas, que cubrían también las necesidades de prendas, utensilios, herramientas, objetos especializados, etc.; y los liberales o letrados, entre los que podríamos incluir muchos funcionarios de la corte y, además, prestamistas, médicos, abogados, escritores y artistas, etc. Finalmente, el pueblo llano o trabajador manual, que en Madrid se dedicaba, fundamentalmente, a la servidumbre. Las familias burguesas y nobles empleaban al menos a dos o tres personas de esta condición.

Marta García Sánchez
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *