ATIENZA (Victoria Moreno, 2010)

Esta acuarela de la artista Victoria Moreno representa la villa medieval de Atienza, situada al norte de Guadalajara, casi en el borde con la provincia de Soria. Poblada inicialmente por los celtíberos Titios, que le pusieron el nombre de Tithia, su aspecto actual es de origen medieval.

Atienza siempre ha contado con dos factores geográficos que han jugado a su favor. Por un lado, su enclave en un punto de fuerte defensa natural, en lo alto de un cerro rocoso, y por otro, su situación estratégica en el centro de la Península Ibérica, que le hizo ser muy codiciada durante la Reconquista, hasta el punto de que sirvió de frontera entre cristianos y musulmanes, y más tarde entre los reinos de Castilla y Aragón.

Con la llegada de los árabes, Atienza tomó definitivamente su nombre actual. Los musulmanes construyeron el castillo, de forma irregular, en lo alto del cerro. Contaba con una torre del homenaje y dos murallas de las que hoy en día solo se conserva la cimentación. En 1085 fue reconquistada definitivamente por Alfonso VI, incorporándola a la Corona de Castilla, y se le concedió un extenso territorio que llegaba hasta el río Tajo. A partir de entonces se empezaron a construir varias iglesias: la primera fue Santa María del Rey, seguida por las iglesias de San Nicolás Alto, San Pedro de Noncalvillo y San Esteban (desaparecidas estas tres en la actualidad), y por último la de la Santísima Trinidad y San Juan. Iglesias todas ellas de estilo románico. Partiendo de la base del castillo se construyó la primera muralla, por mandato de Alfonso VII, con la finalidad de defender a la población.

Pronto se formaron arrabales a extramuros desprotegidos por la muralla, como el de Puertacaballos, y se construyeron nuevas iglesias románicas en estos barrios: San Gil, San Salvador, San Nicolás de Covarrubias (desaparecida), San Bartolomé y Nuestra Señora del Val. Entre los nuevos barrios estaba la judería, que albergaba a los judíos residentes en Atienza. Alfonso VIII concedió nuevos privilegios, en agradecimiento a los arrieros de Atienza, que lo salvaron cuando era niño de su tío Fernando de León. Por ello mando construir la segunda muralla, más ancha que la anterior, para proteger los arrabales y la ciudadela de la Judería, aunque esta muralla aún dejaría fuera tres barrios con sus respectivas iglesias.

En 1298 Atienza contaba con 15 iglesias, 4 conventos y 2 hospitales, y una población de entre 6.000 y 8.000 personas. Los dos cinturones de murallas que tenia Atienza la hacían una de las villas mejor fortificadas de Castilla. De ahí podemos deducir la importancia económica y la prosperidad que alcanzó Atienza, que se mantuvo hasta finales del XIV, y que se corrobora por la presencia de una judería de tamaño muy considerable. En la actualidad, de este barrio sólo quedan los restos de muralla que le rodeaban y parte de algún torreón.

En el siglo XV, a consecuencia de las luchas de los infantes de Aragón, Atienza perdió varios barrios. Con la unión de Castilla y Aragón, Atienza perdió su importancia fronteriza y vio expulsada a la población judía, lo cual perjudicó seriamente su economía. En el siglo XVI quedó definitivamente configurada la estructura de la villa, que se mantiene hasta el día de hoy con cuatro barrios diferenciados: el de San Gil, el de Puertacaballos, el de la plazuela y el de la plaza.

La economía de la villa se ha basado tradicionalmente en la agricultura de secano y en la ganadería, principalmente ovina y bobina, así como el pequeño comercio. La explotación de las minas de plata de Hiendelancina, a principios del siglo XX, y la creación de nuevas carreteras, permitieron que la comarca tuviese una nueva época de prosperidad. En la actualidad, el principal recurso de la localidad es su rico patrimonio histórico-artístico, formado por el castillo y 7 de las 15 iglesias que llegó a tener, varias ermitas, y partes de las dos murallas, con sus puertas y torreones, que la convierten en un atractivo destino para el turismo de interior.

Victoria Luque Megía

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