04/05/13

GUADALAJARA (1849)


La imagen corresponde a Guadalajara en el año 1849 y representa un plano histórico de la ciudad de Guadalajara y sus Arrabales. Nos la podemos encontrar en el Archivo Municipal de Guadalajara y su autor fue el ingeniero general del Cuerpo de Ingenieros de la Brigada Topográfica. El destinatario de este documento fue el Ayuntamiento, donde se utilizó para ubicar o tener una visión global de la ciudad. Posee una escala de 1:2.000 y presenta una breve “Esplicación” a modo de leyenda en los bordes. En el plano se localizan los principales edificios, iglesias, conventos o puertas más representativas que de la época, así como la localización de los arrabales y el nombre de algunas calles y plazoletas. Por su interés urbanístico ya ha sido publicada en varias ocasiones, como en el manual de García Ballesteros, A. (1978) Geografía Urbana de Guadalajara. Madrid: Fundación Universitaria Española.

La ciudad de Guadalajara se encuentra situada en la comunidad autónoma de Castilla- La Mancha, en el valle del río Henares, entre dos barrancos. El plano muestra la morfología urbana, es decir, el aspecto externo que presenta la ciudad influida por el emplazamiento y la situación. Posee una localización estratégica para las redes de comunicación por su situación central en la Península Ibérica y su proximidad a la capital de España, Madrid, favoreciendo las relaciones comerciales.

Se trata de un entramado de calles estrechas y cortas, de trazado irregular y con gran variedad de plazoletas. El caso del casco urbano posee una fisionomía característica de una ciudad andalusí, de origen árabe con influencia de arte mudéjar, renacentista y barroco, como se puede apreciar en sus principales monumentos. A las afueras de la ciudad nos encontramos con sus arrabales que representan el ensanche de la ciudad por motivos de escasez del territorio, ya que la zona que delimitaba muralla resultará insuficiente para el crecimiento de la ciudad.

La muralla original de la ciudad fue construida por los árabes y tiene un carácter defensivo. Ha sido respetada como componente arquitectónico característico de la ciudad hasta el siglo XIX, cuando fue derruida en su mayor parte por la necesidad de expansión y la pérdida de su utilidad práctica, manteniéndose en la actualidad muy pocos restos (los barrancos del Alamín como el Alcázar Real y San Antonio, los torreones del Alamín y de Alvar Fañez y  la puerta de Bejanque).

Algunos de los monumentos más representativos de la ciudad son la Concatedral de Santa María la Mayor, construida sobre la antigua mezquita musulmana en el siglo XIV con claras influencias mudéjar, renacentista y barroca. Constituye una de las sedes episcopales de la Diócesis de Sigüenza, y actualmente funciona como parroquia. La actividad religiosa fue clave en el siglo XVII para la ciudad de Guadalajara, presentando una decadencia a partir de la desamortización. Por ello, en 1842, el Ayuntamiento ordenó la venta de todos los conventos y la reducción de las cinco parroquias a sólo Santa María y San Nicolás.

Entre los monumentos, destacan el Palacio Antonio de Mendoza y Antiguo Convento de la Piedad del siglo XVI, caracterizados por su estilo renacentista y elementos neoclásicos. Algunas de sus funciones han sido convento, diputación provincial de Guadalajara o cárcel, actualmente es un Instituto de educación secundaria. El palacio del Infantado, ocupado en el siglo XIV por los Mendoza, que proporcionaron a la ciudad historia del arte español y occidental. Controlaban la vida política de la ciudad, ya que de ellos dependían las actividades comerciales que se llevaban a cabo como talleres artesanales, y comerciales. En la actualidad es un lugar turístico utilizado hasta hace poco, como biblioteca y archivo.

Durante el siglo XVIII se produce un aumento de la superficie cultivada, propiciado por un crecimiento demográfico y la subida de precios de los productos. Esto promovió la aparición de huertas en la periferia que aprovechaban el agua del río Henares para riego, lo que dio lugar a la aparición de barrios, situándose en la periferia las familias con menos poder adquisitivo, y por el contrario en el casco antiguo los eclesiásticos en conventos y parroquias.

La función primordial que tenía la ciudad era el político- administrativo al haber sido proclamada en el siglo XVIII capital con independencia. Industrialmente, en la ciudad únicamente se encontraba la Real Fábrica de paños que estuvo en funcionamiento hasta principios del siglo XIX, por tanto, había un predominio de la agricultura. Actualmente las zonas de los arrabales se han urbanizado, con la creación de polígonos industriales (Henares o Balconcillo) como consecuencia del aumento desmesurado de la población que ha modificado notablemente la estructura de la ciudad dejando el casco urbano, que antes era el centro de la ciudad, desplazado. Por lo que se prevé que el centro de Guadalajara que actualmente es el Ayuntamiento, pase a ser la plaza de Santo Domingo. La imagen subjetiva del espacio percibido que posee la ciudad hace que se pensara en ella como una ciudad defensiva y, actualmente, como una ciudad dormitorio o residencia de estudiantes.

Alba Blázquez

07/05/12

GUADALAJARA (Anton Van Der Wyngaerde, 1565)

 

Guadalajara se localiza en el centro de la Península Ibérica en el valle que forma el río Henares. Desde su fundación ha tenido una posición privilegiada en la orilla izquierda del río. Su emplazamiento entre dos barrancos en la parte más elevada de la meseta castellana le ha permitido gozar durante siglos de un importante valor estratégico, ya que es una zona de paso en las redes de comunicaciones entre el norte y el sur de la península.

Es una ciudad de origen medieval, como podemos advertir rápidamente en la imagen al visualizar la muralla que bordea la ciudad, las calles de trazado irregular y la poca altura de los edificios, exceptuando los religiosos y los restos del dominio árabe. Esta mofología suele identificarse con el casco histórico actual de las ciudades,  cosa que también sucede en Guadalajara.

La muralla fue construida por los árabes antes del siglo X. Formando parte de este recinto amurallado están el Alcázar Real y los torreones de El Alamín y Alvarfañez. Los tres tenían un carácter defensivo. Al Alcazar, también de origen árabe, se le atribuye una función militar y de centro de operaciones para la lucha contra los pueblos cristianos durante la Edad Media.

Tras la reconquista cristiana, la mezquita fue destruida y se construyó encima la actual Concatedral de Santa María, por aquel entonces llamada iglesia de Nuestra Señora de la Fuente. Desde entonces ha ejercido de núcleo religioso de la ciudad junto con las iglesias de la Merced, San Gil (hoy destruida) y San Esteban.

Entre los hitos urbanos que marcan la estructura de la ciudad destaca por último el puente que atraviesa el río Henares. Se considera la construcción más antigua que se conserva hoy en la ciudad, datándose entre los siglos X y XI, a pesar de que hasta fechas bien recientes se pensó que su origen era romano. En el dibujo de Wyngaerde aun se conserva la torre de cobro de impuestos en mitad del puente. A este tipo de impuesto se le conoce como impuesto de pontazgo y era habitual en la Edad Media. Los comerciantes pagaban un impuesto por entrar a la ciudad y vender sus productos. Solo estaban exentos de pagar el mismo los habitantes de la villa.

Las actividades de Guadalajara eran las propias de un burgo medieval, es decir, mayoritariamente comerciales y artesanales, pero también agrícolas. Las plantaciones que bordean la ciudad eran generalmente para el autoabastecimiento aunque también comerciales, ya que Guadalajara se sitúa en la Gran Vía Augusta que comunicaba Mérida con Zaragoza y siempre ha tenido una gran importancia en estas rutas comerciales y con el resto de municipios cercanos, como por ejemplo para el abastecimiento de la ciudad de Madrid.

La vida política de la ciudad era controlada por los duques del Infantado (de la familia Mendoza) y de ellos dependía la mayor parte de las actividades económicas que se desempeñaban en la época. Estos hicieron que la ciudad tomara un nuevo motor económico guiado por sus expectativas durante el siglo XVI. Se alojaban en el Palacio del Infantado, edificio que alcanzó tal esplendor que en 1560 acogió la boda del rey Felipe II con su tercera mujer. Al final de este siglo la ciudad vivió su mayor prosperidad, llegando a tener una población de 9.500 habitantes.

En la actualidad la ciudad se ha expandido y las tierras que en la parte inferior del paisaje están siendo cultivadas por los campesinos, se corresponden hoy con la estación de tren de cercanías.

Sergio Álvarez García