19/05/17

ARANJUEZ (Jehan L’Hermitte, siglo XVI)

Vista de Aranjuez. Jehan L'Hermitte (s.XVI)

Esta imagen es un dibujo realizado por el flamenco Jehan L’Hermitte, ayudante gentilhombre de cámara del rey Felipe II, en 1598. Nos muestra una vista de la ciudad de Aranjuez, una más de tantas ciudades que visitó en compañía del monarca y que gustaba de retratar. L’Hermitte, natural de Amberes, partió hacia España en 1587 para servir, en un principio, a Nicolás Damant, canciller de Bramante, pero quiso el destino que Felipe II fijase en él su curiosidad al verle patinar sobre hielo con gran destreza. Gracias a esta habilidad pronto se convertiría en su ayudante de cámara, acompañándole en numerosos viajes.

Este plano, titulado Vista de Aranjuez, se puede encontrar en la Biblioteca Real de Bruselas. Muestra los orígenes del Palacio Real, alzado sobre la antigua Casa-Palacio, construida por los maestres de la Orden de Santiago en el año 1387. Es en 1563 cuando Felipe II ordena construir el Palacio Real de Aranjuez a cargo de Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, ampliando las instalaciones de la Corte, al igual que sus jardines. Pretendieron dar máxima importancia a la creación de la Capilla del Rey en el palacio, situándola en la base de la Torre Sur. El nuevo trazado de palacio corresponde a la “L” inicial del extremo sur de la antigua Casa-Palacio, y alcanza la Casa Real, Capilla Real y Torre de la Capilla.

La Casa de Oficios, proyectada por Juan de Herrera inicia su construcción en 1583 para albergar a los empleados y caballeros. Se construye al sur de la Capilla de Palacio y formaría una manzana de una sola planta, con un gran patio en el centro y otros pequeños en los extremos. Felipe V terminará la construcción, muchos años después, con la ampliación de un cuarto para los caballeros y gentiles-hombres.

A partir del Palacio se generan ejes radiales que se integran en las avenidas de acceso al sitio real, tales como la Carretera de Toledo (letra M en el plano); Camino a Ontígola, enmarcado por una gran avenida de álamos negros que llegan hasta el Palacio Real; Calle de la Reina (Calle Larga en el plano), que delimitará el futuro Jardín del Príncipe (s.XVIII) junto a las hoces del río Tajo; la zona de Pico-Tajo, distribuida entre dos puentes, uno sobre el río Jarama, donde actualmente se sitúa la entrada al Soto de Legamarejo – por aquel entonces la bifurcación de los ríos Tajo y Jarama no se había modificado, ya que tal reforma no se llevó a cabo hasta el siglo XVIII especialmente, donde situaron tal bifurcación más hacia el oeste  de la comarca-, y otro puente sobre el río Tajo, denominado el Puente de la Isleta, el cual pertenecía al camino de entrada al Palacio que venía desde Madrid. Tras el arreglo del camino existente entre ambos puentes, designado como calle de Entrepuentes, la ordenación del Pico-Tajo se hizo efectiva, consistiendo en un entramado de paseos arbolados distribuidos desde la plaza del Puente del Jarama (actualmente de Legamarejo) hasta la plaza del puente de la Isleta. Todos los paseos formaban ángulos de 30º a partir de estas plazas y se iban distribuyendo en el terreno, delimitados por dos canales (Aves por el sur y Azuda por el norte), exceptuando la zona de las Doce Calles, puesto que hubo que crear otra plaza, tomando como referencia y eje la calle de la Ventanilla, formando un reflejo de la plaza de Legamarejo con esta nueva plaza. Todo ello se debía a la falta de agua próxima, por lo que este nuevo enclave pudo contar con la presencia de doce vías alrededor, orientadas hacia los puntos cardinales. Así, Felipe II creó unos campos de cultivo en esta zona, regados por el sistema de regadío que creó a través del canal de la Azuda.

Los jardines que se organizan alrededor del Palacio muestran diferentes planteamientos. Por un lado, se distingue el Jardín de la Isla, denominado así al encontrarse rodeado por el río Tajo en tres de sus lados y por el canal artificial de las Aves, en su lado Sur. Su origen se remonta a la Orden de Santiago quienes, aprovechando un meandro del río, crearon un canal artificial, situando en él molinos o aceñas, y empleando tal jardín, según la tradición hispanomusulmana, como jardín-huerta. Carlos I y Felipe II consiguieron crear un entorno natural privilegiado y llevarlo a su máximo esplendor, elaborando el primer Jardín Botánico jamás creado hasta entonces. Incorporaron innumerables especies de plantas, insertadas en un trazado de rectángulos, a partir de un eje central y calles secundarias. Por otro lado, el Jardín del Rey estaba enmarcado por una galería de arcos en la planta baja del palacio y era de uso privado por su majestad. En los planos de Herrera también aparecía en el ala norte, paralelo al jardín del Rey, la enmarcación de un jardín idéntico, que pasaría a denominarse el jardín de la Reina, y ambos se comunicarían a través de un jardín posterior que los bordearía, pero nunca llegó a realizarse tal jardín en Palacio.

La delimitación de la villa de Aranjuez viene dada por el trazado de calles arboladas que enmarcan desde las zonas de cultivo del Pico-Tajo hasta el camino a Ontígola, pasando por el antiguo pueblo medieval de Alpajés. La construcción de la presa del Embocador, en el río Tajo (ordenada por Carlos I), permitió crear dos canales de riego (el caz de las Aves y el caz de la Azuda), los cuales trazarán el perímetro del posterior desarrollo urbano de Aranjuez.

En el siglo XVI Aranjuez se convirtió en un lugar perfecto para la cría de animales exóticos y del deleite de su compañía, por lo que no era de extrañar ver pavos reales al final de la Calle de la Reina, próximo al lugar donde disponían de su comida; como también camellos, dibujados en el plano que tan maravillosamente plasmó L’Hermitte, los cuales podemos ver paseando por el Raso dentro de la gran plaza arbolada de álamos y chopos, sita delante de la fachada principal de Palacio, al igual que cisnes nadando dentro de un estanque.

Resulta ser un enclave que nada tiene que ver con la ciudad de Aranjuez de hoy en día. Este plano nos muestra un lugar vacacional de los reyes, en donde no hay viviendas para los campesinos, sino más bien dependencias para los criados que debían mantener las instalaciones durante el año. Por aquel entonces, Felipe II no permitía que nadie viviera en la villa, a excepción de los Reyes.

Lourdes G. Ballestero

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11/05/15

ARANJUEZ (Antonio Joli, 1750)

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Este óleo sobre lienzo se titula “Royal Palace of Aranjuez: a concert by the water” (ca. 1750), y se encuentra en el Palacio Reale de Napoli. Es obra del pintor italiano Antonio Joli (Módena, h. 1700 – Nápoles, 1777), discípulo de Raffaelo Mera Rinaldi, el cual se estableció en Roma en 1720 y trabajó como pintor de escenografía. De esta forma conoció al cantante Farinelli, quien le contrató para decorar las tramoyas de las operas representadas en los palacios de los reyes de España. La presencia de Antoni Joli en la corte española le permitió plasmar la majestuosidad del Palacio Real de Aranjuez y de sus arquitecturas colindantes, así como y la belleza y grandeza del lugar. La vida de la corte española en el siglo XVIII estaba llena de fiestas. Muchas de estas fiestas se realizaron en el río Tajo, donde podemos apreciar la famosa Escuadra del Tajo creada por Farinelli para el divertimento del Rey y su corte.

Aranjuez es un lugar insólito por su situación geográfica al Sur de Madrid, y tiene una extensión de 18651 hectáreas. El paisaje de Aranjuez es el producto de la sistemática intervención del hombre sobre la naturaleza a lo largo de los siglos, lo cual no ha entrañado su destrucción sino su conservación y enriquecimiento. Determinada por la confluencia de dos ríos, el Tajo y el Jarama, fue la residencia de recreo favorita de los Reyes españoles durante cuatro siglos. Huertas de extraña geometría, palacios y jardines cantados por poetas del Siglo de Oro; árboles y frutos llegados de los confines del mundo, la hacen una ciudad histórica y biológicamente muy rica.

La primera presencia humana en este lugar data del Paleolítico Inferior y Medio. En el Neolítico se conocen los talleres y poblados de cerámicas y hachas pulimentadas. En la Edad de Hierro los asentamientos con frecuencia buscaban pequeños altozanos. Un suelo fértil y un antiquísimo sistema de regadío hicieron del sitio un lugar de gran riqueza biológica. La romanización del territorio ha proporcionado hallazgos increíbles de restos de lapidas en los terrenos del Real Sitio. Uno de los hallazgos más interesantes se produjo en 1986, cuando apareció una de las necrópolis visigodas más importantes de la meseta, emplazada cerca del apeadero del ferrocarril de las Infantas, incluyendo datos de 150 sepulturas.

Transcurrida la Guerra de la Independencia, Aranjuez fue impulsada por Fernando VII para la instalación de industrias, como la fábrica de jabón, la azucarera de la calle Toledo, la fábrica de licores, de vidrios, de harinas junto al molino de la Presa de Palacio, el Ferrocarril con el Tren de la Fresa como comercialización del producto típico de sus tierras, el aserradero en 1884, etc. Pero el actual impulso industrial se produjo a mediados de la década de 1950 con un amplio desarrollo urbano cambiando su actividad principal agropecuaria por una ciudad de vocación industrial. Actualmente Aranjuez es una ciudad pequeña de amplias calles y largas perspectivas, actividades económicas industriales y turísticas con parte de actividad agropecuaria retomando lo que fue en un principio.

De mediados del siglo XVI procede el primer intento de una ordenación del territorio mediante trazados geométricos que abren caminos y paseos entre los bosques, jardines y cultivos, implantando un modelo canónico procedente de la tratadística grecorromana y renacentista. Es a partir de ahí, de esas trazas geométricas y radiales, que se genera otra trama reticular y ortogonal hacia el sur, logrando una organización racional del espacio para el crecimiento de una ciudad barroca e ilustrada. La diversidad funcional exige una distribución y jerarquización de estos espacios, que adoptan un esquema de anillos concéntricos; el primero y el más cercano es la residencia del rey, la isla se convierte en jardín; un segundo es el entorno urbanizado, donde el espacio se racionaliza mediante un complejo entramado de calles y plazas, puentes y canales que acotan las superficies de cultivo y caza; la tercera zona supone la transición de estos caminos hacia el bosque y la comarca.

En la imagen se muestra con gran detallismo la magnificencia del Palacio Real situado justo en el centro del cuadro y el gran colorido entre la vegetación, el cauce del rio y las construcciones arquitectónicas. El Palacio Real fue en su origen, hacia 1409, una casona maestral construida de ladrillo, organizada en torno a un patio interior empedrado y rodeada de una pequeña presa, un molino, unas modestas casas y la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, demolida en el siglo XVIII. En el siglo XV las bulas papales de Inocencio VIII y Alejandro IV concedieron a los Reyes Católicos la administración de los terrenos de Aranjuez y el lugar fue utilizado para el emplazamiento estratégico vinculado a caminos históricos y como alojamiento de la familia real. Con la llegada a la corona de la Casa de los Austrias, Aranjuez sufre una conversión del terreno. Felipe II contrató a Juan de Herrera para construir parte del Palacio de Aranjuez, la capilla en la base de la torre Sur y una parte de la fachada de mediodía y poniente. Con Felipe V se levanta la otra torre al Norte y completa la fachada oeste, aunque en 1660 un incendio destruyó prácticamente la totalidad de la fachada. En 1715 comienza se reconstrucción siguiendo la ampliación con el ala en el que se incluían las habitaciones de la reina. En 1772 se construyen dos alas de poniente que confirman la Plaza de Armas. Las nuevas alas desplazan así la capilla original de Juan Bautista de Toledo al ala meridional.

Otro espacio urbano significativo es la Plaza de San Antonio, en la izquierda de la imagen, que surge como conexión con el resto de la nueva ciudad, apoyándose en el edificio de la Casa de Oficios. Fue concebida como escenografía abierta hacia el río donde la Capilla de San Antonio se sitúa en el centro de una U cerrada con dos alas de pórticos simétricos. Dentro de esta plaza observamos la Fuente de la Mariblanca una de la principales fuentes de abastecimiento al pueblo. El Jardín del parterre, situado justo a la fachada oriental fue encargado por Felipe V con un estilo de diseño diocechesco con su gran estanque circular y su canal o ría. Por último, la Presa de Palacio, definida en 1751 para ordenar la entrada de agua en la ría y como protección del embate de las avenidas del rio.

En la esquina superior izquierda de la imagen se encuentra la Casa de Oficios y de Caballeros, un gran edificio con forma rectangular; su utilización inicial fue para el servicio de la corte, pero ha sido también utilizado como Administración del Patrimonio Real, así como cuartel y pabellones militares con un exterior caracterizado por galerías formadas de arcos de medio punto sobre pilastras de sillería. Finalmente, el Puente de Barcas que unía la Isla con el Jardín del Parterre se caracterizaba por ser un puente colgante o volado en su presentación inicial, que al incendiarse tuvo que ser reconstruido con pilares dándole el aspecto actual.

Carol Chambers