31/10/12

OVIEDO (Mª. J. Carmen Fernández, 2012)

Oviedo fue fundada en el año 761, según el Pacto monástico de San Vicente, fechado en 781. Este documento, del que se conserva una copia del siglo XII en el Archivo del Monasterio de San Pelayo, explica que la ciudad se construyó sobre una colina situada en el cruce del camino que conectaba de norte a sur León, y el que se dirigía al oeste en dirección a Galicia. La colina, llamada Ovetao u Oveto, fue ocupada por los monjes Máximo y Fromestano, quienes levantaron un monasterio dedicado a San Vicente. Posteriormente, en fecha imprecisa, el Rey Fruela I visitó el lugar y decidió erigir en él una basílica dedicada a San Salvador junto a otras dependencias.

El rey Alfonso II, El Casto, trasladaría la capital del Reino de Asturias a Oviedo poco antes del 812. La convirtió en sede episcopal, la fortificó y la dotó de palacios, iglesias y otras estructuras. La muralla que protegía la ciudad, de la que hoy quedan pocos restos, delimitaba una figura circular adaptada a la colina, que ocupaba 11 hectáreas y cobijaba a unas 6.000 personas distribuidas en tres barrios relativamente diferenciados: la Villa, que agrupaba los edificios más antiguos religiosos y civiles; Cimadevilla, mercantil y vinculada a las peregrinaciones; y Socastiello.

En 1521 un incendio arrasó gran parte del centro urbano (al que hace referencia la imagen), aunque logró salvarse el conjunto monumental formado por la Catedral (en la imagen), el Palacio de Valdecarzana y las capillas de la Balesquida y San Tirso. Este desafortunado acontecimiento permitió que posteriormente se regularizara el trazado de las calles, pasándose de un trazado originalmente radial a otro más ortogonal. Con el objetivo de recuperar económicamente la ciudad, se desecó la charca del Fontán a extramuros para instalar allí un nuevo mercado, que se convirtió con el tiempo en uno de los motores de su desarrollo. La imagen que adquirió Oviedo a partir de esa época fue bien descrita por Ramón Pérez de Ayala en su obra Tigre Juan (1926), cuando dice que era:

“Un ruedo de casas corcovadas, caducas, seniles. Vencidas ya de la edad, buscan una apoyatura sobre las columnas de los porches. La plaza es como una tertulia de viejas tullidas, que se apuntalan en sus muletas y hacen el corrillo de la maledicencia”.

En los siglos XIX y XX Oviedo se convirtió en un centro logístico y organizador de la producción minera y el transporte de mercancías entre las cuencas hulleras y los puertos martítimos de Gijón y Avilés. Gracias a ello experimentó un cierto desarrollo económico y demográfico que tuvo su repercusión urbanística mediante el inicio de sus primeros ensanches. La importancia de la actividad industrial favoreció también la aparición de movimientos sociales que lucharon por mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Durante la Revolución de Asturias de 1934, tuvieron lugar intensos combates durante diez días dentro de la ciudad. Esto provocó que la misma quedase asolada en buena parte y que resultaran dañados, entre otros edificios, el de la Universidad, cuya biblioteca guardaba fondos bibliográficos de gran valor que no se pudieron recuperar, el Teatro Campoamor, y muchas casas particulares, sobre todo en la zona de la calle de Uría. Por su parte, la Cámara Santa de la Catedral, fue dinamitada.

El cuadro que comentamos aquí muestra una imagen de Oviedo como debía ser en torno a 1934. Está pintado por María Josefa del Carmen Fernández Fernández,  natural de la pequeña localidad de Mieres del Camino. De origen humilde y descendiente de la tradición minera asturiana más arraigada, la autora ha sabido plasmar la belleza artística de Asturias desde su más temprana infancia. Actualmente es profesional de la sanidad especializada en Oviedo pero continúa con su actividad creativa y con la organización de eventos culturales relacionados con la difusión plástica de nuevos talentos.

Miguel González Fernández

 

31/10/12

SEGOVIA (Duhamel, siglo XIX)

La ciudad que podemos ver en esta imagen es la ciudad de Segovia, según fue grabada por el francés Duhamel para la obra de Alexandre de Laborde Voyage pittoresque et historique de l’Éspagne, publicada en París en 1820. Puede verse en detalle en la Biblioteca Digital de Castilla y León, junto con otros grabados de Segovia realizados en la misma época.

Esta ciudad se localiza al sur de Castilla y León, a los pies de la sierra de Guadarrama. Se alza sobre una elevación del terreno rodeada por los ríos Eresma y Clamores, que  constituyen sus límites físicos y condicionan el crecimiento la ciudad. La parte alta está delimitada por una muralla, con estrechos accesos formados por puertas y postigos. En su interior se encuentran los principales monumentos histórico artísticos, así como las viviendas y los edificios de la administración. Es lo que denominaríamos centro o casco urbano, del que podemos decir que posee un origen romano y un desarrollo posterior de carácter medieval. La periferia estaba formada por varios arrabales unidos al casco urbano pero al mismo tiempo separados él. Estos arrabales estaban compuestos por casas humildes, siguiendo una morfología urbana poco uniforme. En ellas residían las clases trabajadoras y se emplazaban las fábricas y talleres.

Uno de los principales elementos urbanos que podemos observar en el grabado es el Real Alcázar, considerado como uno de los más famosos castillos españoles. Está situado en el vértice occidental de una peña, sobre la que se asienta la parte vieja de la ciudad, de alrededor de ochenta metros sobre el cauce del río Eresma y el arroyo de Clamores. Fue construido en el siglo XI sobre los restos de una fortaleza romana y sufrió importantes modificaciones y reconstrucciones hasta el siglo XIX.

Otro de los elementos destacables es la muralla. La muralla de Segovia fue construida en el siglo XII y reformada entre los siglos XIV y XVI. La estructura de la muralla hace que el Acueducto y el Alcázar se queden en los extremos y la Catedral en el centro del recinto, de forma que se genera una morfología urbana de carácter irregular, típica de la época medieval. Dentro de la muralla, de unos tres kilómetros de longitud, se encuentra cercada la ciudad antigua, a la que se podía acceder a través de varias puertas y portillos. Una de dichas puertas podemos observarla en el grabado: es la Puerta de Santiago, la cual recibe su nombre por una vecina parroquia extramuros, que fue derribada en 1836. Se cree que fue construida en el siglo XIII por sus detalles mudéjares. Está constituida por tres arcos sencillos de ladrillo, de medio punto, y las jambas adosadas al muro en el interior de la puerta. En la cara posterior, la que vemos en el grabado, se encuentra un gran arco de herradura con alfiz y dovelas radiadas.

Finalmente, no podemos olvidarnos de la majestuosa Catedral de Santa MaríaHasta la Guerra de las Comunidades (1521), durante la cual fue incendiada, la catedral de Segovia era románica. A partir de 1525 empezaron las obras de la actual. Se la denomina la “Dama de las catedrales” por sus dimensiones y elegancia. Destaca en ella su impresionante torre de 88 metros de altura, y el claustro, heredado del templo anterior. Es de estilo gótico aunque posee ciertos rasgos y características del Renacimiento. Está situada en la parte más alta, en la Plaza Mayor, siendo observable desde cualquier punto de la ciudad.

En la época en la que fue realizada esta imagen, la población de la ciudad de Segovia se mantuvo estancada. La natalidad permaneció en cotas bastante altas a lo largo de todo el siglo XIX, a consecuencia de la precocidad y universalidad del matrimonio. Pero la mortalidad registró tasas anuales catastróficas durante las primeras décadas del siglo. A partir de la segunda mitad descendió notablemente y entre finales del XIX y la primera mitad del XX, la población de Segovia no crece prácticamente nada.

En cuanto a las actividades económicas, la agricultura segoviana experimentó durante esta época un cierto crecimiento debido al alza de los precios y al comienzo de la exportación. La ganadería sufrió un aumento en las especies mular y asnal, como consecuencia del aumento de la expansión agrícola. El resto de la ganadería sufrió un claro descenso debido a la reducción del pasto natural, al aumentarse la explotación agrícola de la zona. Alrededor de 1854 se crearon las primeras fábricas de harinas modernas, no destinadas al consumo local, sino a la exportación. Merece especial atención, dentro del sector industrial, la Real Fábrica de Vidrios y Cristales de La Granja de San Ildefonso cuyo época de mayor esplendor coincidió con los reinados de Carlos III y Carlos IV.

Ana Luciáñez Díez

 

30/10/12

FLORENCIA (Giuseppe Zocchi, 1741)

He elegido el cuadro “El Arno en el puente Santa Trinita” hecho por Giuseppe Zocchi en el año 1741. En él se representa una zona de la ciudad de Florencia, concretamente la zona por la que trascurre el río Arno que separa la ciudad en dos, y en la que a lo largo de la historia se han ido construyendo puentes para conseguir la conexión entre las dos zonas de las ciudad.

Se trata de un óleo sobre  lienzo  de tamaño 57 x87,5 cm que actualmente se encuentra en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Como ya he dicho anteriormente,  fue pintado por Giuseppe Zocchi en el año 1741. Giuseppe nació en Florencia y ya muy joven hizo viajes a Roma, Bolonia, Venecia  y el norte de Italia donde aprendió y perfeccionó sus técnicas pictóricas. Se dedicó principalmente a representar figuras, aunque después fue contratado para que hiciese siete vistas de la ciudad de Florencia, entre ellas, la que yo he analizado. Los últimos años de su vida fue contratado como grabador oficial para el emperador Franziskus Steeffan de Habsburgo-Lorena. Murió de peste en 1767.

La obra pertenece al siglo XVIII. Florencia siempre fue una ciudad con una gran actividad comercial y unas buenas comunicaciones con Europa, pero cuando comenzó a ser realmente importante fue en el Renacimiento (siglos XIV-XVI). Durante este periodo la cultura invadió las calles, la literatura, las ciencias, las artes, y el pensamiento humanista se extendió. En este periodo encontramos grandes artistas como Donatello, Brunelleschi, Botticelli, Miguel Ángel  y Leonardo entre otros.  Hasta el siglo XVI la ciudad creció y mantuvo relaciones comerciales con otros países Europeos. Florencia estaba bajo el poder de los Medicis, pero poco a poco éstos fueron decayendo, el control de la ciudad se les iba escapando y Florencia iba perdiendo el esplendor que había tenido hasta entonces. A la muerte del duque Gian Gastone, el último de los Medici, los países europeos decidieron en Viena dar la Toscana al duque Francisco I de Lorena, dinastía Franco-Austríaca. Estos proporcionaron de nuevo estabilidad económica a la ciudad. Durante el siglo XVIII se construyeron nuevos puentes, palacios de estilo neoclásico, la ciudad creció en general, comenzó a desarrollarse la industria, pero también aumentó el número de personas pobres, por lo que comenzó un descontento de la gran parte de la sociedad.

Florencia es la capital de la Toscana. Se extiende a la largo del río Arno, entre los Mares Adriático y Tirreno, casi en el centro de la península italiana. El arte, la cultura, la industria y el comercio que se desarrollaron durante el Renacimiento italiano siguen siendo rasgos significativos de la ciudad en la actualidad. El centro de la ciudad de Florencia es de origen romano, por lo que su trazado es en forma de cuadrícula con el foro en el centro de la ciudad como zona de reunión. Como su actividad comercial comenzó a crecer, la ciudad también lo hizo, sobre todo a lo largo de los siglos XII y XIII. La ciudad creció de forma irregular, sin ningún orden.  Apareció una nueva clase social, la burguesía. En cuanto al arte, es el momento del estilo gótico. La burguesía tenía que mostrar su poder, por lo que se construyeron muchos palacios y torres. Las familias burguesas  rivalizaban por tener las torres más altas en sus palacios. Ejemplo de ello son el Palazzo Vecchio o el Palazzo Spini Feroni que aparecen en la imagen. El Campanile también se construyó en esta época, y es que tener una torre alta en la catedral también era símbolo de poder. El Ponte Vecchio también se construyó en este periodo con el fin de conectar la ciudad en expansión, ya que la pasarela romana de madera que unía anteriormente ambos lados del río fue destruida por una inundación. Posteriormente (siglos XVII-XVIII) se construyeron mas puentes porque la ciudad siguió creciendo.

Con la llegada del Renacimiento la ciudad comenzó a ordenarse. Se produce un renacer del clasicismo y se construyen nuevos edificios tanto civiles como religiosos. Se buscaba la amplitud de los espacios, la luminosidad, la simetría, el orden y la perfección clásica.

En cuanto a los palacios, dejan de ser concebidos como fortaleza y pasan a ser residencia de nobles y comerciantes enriquecidos. Tienen estructura cúbica en torno a un patio porticado central, que actúa como distribuidor. En la fachada frecuentemente se usa el típico almohadillado, elementos arquitectónicos de estilo clásico como arcos de medio punto, cornisas muy pronunciadas, las ventanas se colocan de forma ordenada y rítmica y a veces con frontones. Ejemplo de ello son algunos de los palacios que aparecen en la imagen que, aunque fueron construidos en una época anterior, fueron reconstruidos o redecorado durante el Renacimiento. Por ejemplo, el primer palacete que aparece en la imagen si miramos por la izquierda es un edificio de estilo clásico, armonioso, equilibrado, muy simétrico, con los arcos de medio punto y las cornisas salientes.

En los templos religiosos se sigue usando la planta basilical típica del Medievo, pero se utilizan también elementos clásicos. El círculo se considera imagen de la perfección, se buscan espacios amplios y luminosos, y hay un gran interés por la cúpula que simbolizaba el universo. Ejemplo de ello es la catedral de Santa Maria Dei Fiore, cuya cúpula fue construida por Brunelleschi en esta época.

Con la llegada de la revolución industrial, el comercio sigue aumentando y las ciudades continúan expandiéndose. Aparecen nuevos barrios con edificiosde estética neoclásica (siglo XVIII). De nuevo buscan la perfección y se inspiran en el arte clásico. Ejemplo de ello es el Palazzo dei Padre della Missione que de nuevo es un edificio regular, simétrico, equilibrado, con la fachada decorada con los bustos de los Medici.

La sociedad de este siglo XVII-XVIII era una sociedad estratificada. La burguesía cada vez era más rica y presumía de su poder. La industria comenzó a desarrollarse, sobre todo la textil. Los Medici tuvieron un papel primordial en el desarrollo de esta economía, así como en el desarrollo del arte. Practicaban una economía mercantilista. En general, se vivía un periodo de prosperidad económica y social y de crecimiento demográfico. Este crecimiento demográfico se detendrá debido a un aumento de la mortalidad causada por diferentes epidemias que azotarán Florencia durante el siglo XVIII, y la ciudad irá dejando de tener la grandeza de la Florencia del Renacimiento.

Laura Quintín Caudevilla

 

29/10/12

MADRID (Frederic de Wit, siglo XVII)

La imagen es un grabado de la villa de Madrid. Se piensa que fue realizado por Frederic de Wit a mediados del siglo XVII, como podemos comprobar en la esquina inferior derecha, donde se ve una referencia que dice “Amstlodami F. de Wit excudit”.  Más precisamente, los historiadores creen que fue dibujado a principios del siglo XVII por Juan Gómez de Mora, luego coloreado por Antonio Mancelli y finalmente grabado por Frederic de Wit. La imagen coloreada que se atribuye a Antonio Mancelli, a diferencia del grabado de Wit, no tiene fecha ni autor ni escala.

Al leer el nombre del grabado “Villa de Madrid corte de los Reyes Católicos de Espanna”, nos podría llevar a pensar que se trata de un grabado de la época de los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, por lo que el plano estaría mal nombrado teniendo en cuenta que Madrid no fue corte hasta 1561, cuando Felipe II convirtió a Madrid en capital del reino. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el título de Rey Católico fue heredado por los sucesores de los Reyes Católicos. De hecho, en el artículo 169 de la Constitución de 1812 aún se establecía que “El Rey tendrá el tratamiento de Majestad Católica.”

Otro punto que puede parecer confuso es el nombre recibido por el Palacio Real, que no es el que existe actualmente en la Plaza de Oriente de Madrid, sino el antiguo Alcázar de origen musulmán que se encontraba en la misma localización. Pero Wit lo nombra como “El Palacio del su Mag. Chatolica” porque el grabado se realizó posteriormente a la fecha en que Felipe II estableciera Madrid como sede de la corte.

La Villa de Madrid comenzó siendo, según demuestran ciertos restos arqueológicos, un emplazamiento romano situado al borde del río Manzanares, donde hoy en día podemos encontrar el tramo 2 del Parque Lineal. Posteriormente, los musulmanes construyeron una fortificación a la que llamaron “Magerit”, palabra de la que viene su actual denominación. Estaba emplazado en el margen izquierdo del río, sobre un cerro, lo que hacía de la fortaleza un lugar más seguro para la defensa contra los enemigos, ya que la altura dificultaba el acceso al emplazamiento. Como podemos observar, el Palacio Real, antiguo Alcázar musulmán, se sitúa en el extremo de la ciudad en la zona más alta de la villa, pegada al borde del cerro, donde se encuentra parte de la muralla árabe que rodeaba la fortaleza de Magerit. También se aprecia que la ciudad tiene un trazado irregular, típico de la Edad Media.

A partir de la consolidación de Madrid como corte, la población comenzó a crecer considerablemente, lo que hizo que la ciudad se expandiera sin orden. La ampliación se desarrolló hacía el este, dejando el río Manzanares como frontera natural. La belleza e interés arquitectónico de sus edificios eran mínimos, centrándose en la utilidad de los mismos, con el fin de cobijar a todos los inmigrantes llegados a la corte. Las calles y plazas eran estrechas y asimétricas. Durante los siglos XVI y XVII se trabajó por mejorar los accesos a la ciudad. Por ejemplo es en este periodo cuando el arquitecto real Juan de Herrera construyó el Puente de Segovia sobre el río Manzanares, el cual facilitaba las comunicaciones con el Escorial y la Real Casa de Campo.

En 1566 el monarca ordenó la construcción de la tercera muralla de la villa. Se levantaron edificios nobiliarios, iglesias y conventos, como la Casa de la Panadería (1590), el Convento de los Agustinos Recoletos (1592) o el primer Hospital General de la Villa (1596); un año después de la muerte del monarca se iniciaron las obras de la primera Puerta de Alcalá. De 1616 data la construcción de la Plaza Mayor y en 1618 la monarquía adquiere y amplia los terrenos que actualmente conforman los Jardines del Buen Retiro. Finalmente, en 1625, se construyó la cuarta muralla de Madrid, que pasa por la actual calle Princesa, el Paseo del Prado y se extiende hasta la actual calle de Fuencarral.

Durante la dinastía de los Habsburgo se construyeron todos los edificios necesarios para la administración de la Monarquía Hispánica: la Ceca (en la actual plaza de Oriente), el Palacio de los Consejos (actual Capitanía General), la Cárcel de Corte (actual palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores), etc. También se multiplicaron el número de iglesias parroquiales y capillas, como la iglesia de San Cayetano, la Capilla de San Isidro o la iglesia de San Ginés. Es en este periodo cuando Madrid vive su mayor apogeo cultural. Entre los siglos XVI y XVII coincidieron en la capital escritores como Quevedo, Calderón de la Barca, Lope de Vega, Luis de Góngora o Tirso de Molina, pintores como Velázquez e incluso artistas internacionales como Peter Paul Rubens.

La población que se encontraba en la Villa de Madrid en aquella época estaba compuesta por cortesanos, burgueses y letrados, nobles y aristócratas de círculos cercanos al rey. Un número bastante elevado de clérigos, eclesiásticos, frailes y monjas que respondían a la necesidad de atender hospederías de las diferentes órdenes, colegios, oratorios, hospitales, cofradías y hermandades. La burguesía suministraba tres frentes de servicios y producciones que necesitaba la población. Estos eran: los mercaderes y vendedores, desde los de caros y lujosos productos, hasta los de primera necesidad; los artesanos o fabricantes de manufacturas, que cubrían también las necesidades de prendas, utensilios, herramientas, objetos especializados, etc.; y los liberales o letrados, entre los que podríamos incluir muchos funcionarios de la corte y, además, prestamistas, médicos, abogados, escritores y artistas, etc. Finalmente, el pueblo llano o trabajador manual, que en Madrid se dedicaba, fundamentalmente, a la servidumbre. Las familias burguesas y nobles empleaban al menos a dos o tres personas de esta condición.

Marta García Sánchez

 

27/10/12

EDIMBURGO (Braun – Hogenberg, 1574)

Esta imagen corresponde a un grabado de la ciudad de Edimburgo en el siglo XVI, durante el reinado de Jacobo VI. Está dibujado desde un punto de vista elevado que permite mostrar casi una vista aérea de la capital escocesa. Sus autores fueron Georges Braun y Franz Hogenberg, quienes lo publicaron en una edición de 1574 del atlas Civitates Orbis Terrarum, denominada en francés Theatres des Cites du Monde.

Evidentemente, el grabado nos muestra la visión de una ciudad preindustrial, con un recinto  amurallado donde aparecen las diferentes puertas de entrada a la misma. La muralla era conocida como “Flodden Walk” y se construyó con la intención de proteger a la población de la ciudad del ataque de los corsarios ingleses. Al sudeste de la ciudad aparece la Puerta de Bristo, en las proximidades de San Mary’s Cathedral, y en la parte izquierda otra de las principales puertas de acceso. Entre la trama urbanística podemos apreciar una calle de larga longitud denominada “Milla Real”, que es una de las calles principales de la ciudad. En la parte central de la misma aparece la iglesia de Saint Giles, de época medieval.

El plano de la ciudad de Edimburgo corresponde a un trazado de calles más o menos regular, aunque existen numerosos callejones sin salida, patios interiores y otras irregularidades. La mayor parte de las calles son estrechas y están situadas en pendiente, incluso hay numerosos callejones situados en el corazón de la actual Ciudad Vieja, así que la morfología medieval está fuertemente conservada. Por otra parte, en Edimburgo el Renacimiento no tuvo tanto auge como en otras ciudades importantes de países como Italia o España.

Entre los elementos urbanos más destacados se distingue en la parte superior izquierda un castillo, situado encima de una de las siete colinas de la ciudad, que era sede de la corte escocesa. En la parte derecha podemos ver el entramado de la construcción del palacio de Hollyrood, que fue realizado entre 1408 y 1501. Posteriormente, fue ampliado por Jacobo VI y se convirtió en el monumento por antonomasia de la dinastía de los Estuardo. En los comienzos de su construcción, la población que vivía en la cercana aldea de “Canongate” fue desplazada hacia otras zonas de la ciudad. Abajo a la parte izquierda podemos apreciar la Capilla de San Antonio, construida a comienzos del siglo XII, que comenzó a caer en desuso en 1560.   

En el siglo XVI los comerciantes y artesanos se apiñaban en pequeñas viviendas en las inmediaciones de la Royal Mile, mientras que fuera de la muralla se encontraban las casas de los granjeros y campesinos. En aquella época la ciudad de Edimburgo estuvo marcada por las continuas epidemias de peste, a pesar de los cual se produjo un considerable aumento de la población. Edimburgo tenía aproximadamente 12.000 habitantes y a lo largo del siglo XVI la población creció hasta los 15.000 habitantes. En esta época se produjo en la ciudad un avance en el estudio de la medicina, gracias en parte a la fundación del Surgeon College, un centro de estudios médicos antecesor de la Universidad de Edimburgo, que fue fundada posteriormente, en 1588. Gracias a la introducción de la imprenta, hubo un importante aumento de las publicaciones.

La economía de Edimburgo estuvo marcada por un fuerte crecimiento durante la dinastía de los Estuardo. La actividad económica de los burgos fue creciendo muy lentamente, produciendo un considerable aumento de la población en la ciudad.  Se fundaron nuevos burgos y granjas en las inmediaciones, diversificando las actividades económicas. Además,  se construyeron nuevos caminos que unían la capital con poblaciones mucho más cercanas, pero el trasporte más eficiente era por mar debido a las condiciones climatológicas adversas predominantes en la ciudad. También se construyo una gran flota pesquera que permitió que los burgos escoceses comercializaran sus productos con el norte de Europa, exportando entre otras cosas arenques, lana, pieles, cuero, telas, sal y carbón.

Antonio Morillo Carreño

 

20/10/12

SAN FRANCISCO (Isador Laurent Deroy, 1860)

 

Tenemos ante nosotros un grabado de la ciudad de San Francisco, California, tal como era en la década de 1860, que fue creado por Isador Laurent Deroy. Esta obra de arte forma parte de una colección del autor llamada Ports de mer d’Amerique en la que podemos encontrar otros paisajes de la misma época de otras ciudades del continente americano como pueden ser Buenos Aires o Río de Janeiro. La imagen ha sido tomada de la Librería del Congreso (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 20540 dcu), aunque existe otra copia de la misma en la Smithsonian Institution de Washington.

La ciudad que nos muestra el grabado está situada al sur de la costa oeste de Estados Unidos, en el estado de California. Se trata de la única ciudad-condado del estado y la mayor parte de la misma se ubica en el extremo norte de la península de San Francisco dejando al oeste el océano Pacífico, la bahía al este y la entrada de ésta al norte; de forma que sólo está conectada a tierra firme por su extremo sur. Las islas de Alcatraz, Tesoro (Treasure), Ángel (Angel) y Hierba Buena (Yerba Buena) también pertenecen a la ciudad.

San Francisco era una ciudad que, aunque estaba bien orientada, contaba con una orografía difícil a causa de sus montañas. Su población constaba de unos 1000 habitantes hasta que llegó la conocida fiebre del oro californiana. Antes de que esto ocurriera, había sido territorio de indígenas, españoles y mejicanos. Y hasta 1847 se la conocía con el nombre de Yerba Buena (actual nombre del distrito financiero situado en el centro de la ciudad), fue a partir de ese año cuando recibió el nombre de San Francisco.

A raíz del crecimiento de la ciudad, con la intención de proteger la bahía, el ejército creó en la zona del Golden Gate el Fort Point además de un fuerte en la isla de Alcatraz. Otra de las consecuencias de este aumento de la población fue que, con los buscones de riqueza en la ciudad, la corrupción, la ludopatía y la delincuencia se adentraron en ella, especialmente en la zona de Barbary Coast. Pero también hubo consecuencias positivas causadas por este acontecimiento. Los bancos de la ciudad se beneficiaron de manera considerable de la riqueza que surgió con la fiebre del oro. Además, con el desarrollo del puerto de San Francisco, la ciudad consiguió mucho nivel en el sector del comercio.

La llegada de mano de obra inmigrante y, con ello la construcción del barrio de Chinatown, le dieron a la ciudad una atmósfera de interculturalidad que todavía hoy en día se respira. Las conocidas y casas de estilo victoriano comenzaban a ser levantadas y la población de San Francisco peleaba por la construcción de parques públicos; es en esta época cuando nació el Golden Gate Park. Las instalaciones militares del  Presidio pasaron a ser las más importantes en la costa oeste del país. A finales del siglo XIX la ciudad era conocida por las mansiones del barrio de Nob Hill, por sus hoteles, y ese encantador estilo que aún conserva.

Es aquí, en la época más brillante de la ciudad donde situamos nuestra imagen en el tiempo. Está tomada desde Twin Peaks, dos de las colinas más altas de San Francisco. Desde este punto se puede observar el plano en forma de cuadrícula que caracteriza esta urbe agrupándola en manzanas rectangulares o cuadradas limitadas por ángulos rectos.

En 1906 la zona en la que se encuentra la ciudad sufrió un terremoto de 7,8 grados en la escala de Ritcher. A causa de la caída de muchos edificios y de los incendios provocados por la quiebra de las instalaciones de gas, tres cuartas partes de San Francisco quedaron en ruinas, y 3000 personas murieron. Muchos de los habitantes que se quedaron sin alojamiento se asentaron en la parte este de la Bahía, lo que trajo consigo un desarrollo de esa área de la ciudad.

La reconstrucción de produjo de forma rápida y eficaz. Las ofertas para volver a diseñar el plano de la ciudad por completo fueron descartadas; San Francisco siguió por tanto con su plano hipodámico. A lo largo de los siguientes años, la ciudad ganó fuerza a nivel financiero. Tras el llamado “Crack del 29”, los bancos de San Francisco salieron intactos y fue a lo largo de la Gran Depresión cuando la ciudad llevó a cabo algunas de sus grandes obras arquitectónicas como son el Puente de la Bahía y el Puente del Golden Gate. Durante este peridodo además la isla de Alcatraz se convirtió en una prisión general de máxima seguridad del estado estando a sólo unos kilómetros de la ciudad pero eficaz debido a las corrientes de agua entre las que se encuentra.

Durante la Segunda Guerra Mundial el Astillero Naval de San Francisco pasó a ser el punto más importante de la ciudad y el Fort Mason se convirtió en el puerto más importante de embarcación para enviar tropas al Pacífico. Al finalizar la guerra, los proyectos urbanos en los años 1950 y 1969 planeaban la destrucción y la regeneración de la zona este de la ciudad. Entre esos proyectos se incluía la construcción de nuevas autopistas de las cuales sólo unas cuantas fueron construidas antes de que los ciudadanos se opusieran a su producción y lograran frenarla.

Después de esto, se finalizó la Pirámide Transamérica en 1972 y durante los 80 se comenzaron a construir rascacielos como los de Manhattan en la ciudad. Además, la actividad portuaria fue trasladada a la ciudad vecina de Oakland y San Francisco comenzó a ganar importancia en su sector terciario perdiéndola en el secundario. Fue entonces cuando la ciudad se expandió hacia las afueras y gran parte de la población blanca abandonó la ciudad; esta marcha de la población se vio contrarrestada por la llegada de un gran número de inmigrantes asiáticos y latinoamericanos. A lo largo de este periodo San Francisco se convirtió en un símbolo de la contracultura estadounidense. El movimiento hippie de 1960 se instaló en el barrio de Haight-Ashbury y en los años 1970 la ciudad se convirtió en el centro del movimiento por los derechos homosexuales apareciendo así el barrio gay, Castro. Años más tarde, en 1989 el terremoto de Loma Prieta dañó los vecindarios de Marina y de South of Market, además apresuró la demolición de la deteriorada autopista del Embarcadero y de gran parte de la autopista central.

Durante el auge del sector informático a finales de los años 1990, numerosos empresarios e ingenieros informáticos se mudaron a la ciudad, proporcionando así un mayor estatus a los barrios que precedentemente eran pobres. Cuando, en 2001 el sector informático decayó, numerosas empresas cerraron provocando así una disminución en el número de población de la ciudad. A pesar de ello, las nuevas tecnologías y el espíritu empresarial siguen siendo, junto con el turismo, el motor económico de San Francisco.

Neila López Zurdo