25/06/12

ARANDA DE DUERO (Fernando Gamarra, 1503)

En sus orígenes, en el siglo IX, desde que comenzara la repoblación cristiana de la cuenca del Duero, esta villa tenía como función proteger el único puente que cruzaba el río en toda la región. Por ello se empezó a construir una fortificación en el mismo puente que se terminó en el siglo X, a cuya base se situaban edificaciones muy modestas de los campesinos que trabajaban estas tierras. Para remarcar el carácter cristiano de la ciudad, desde sus orígenes destacó la presencia de la iglesia de San Juan Bautista, cuya construcción se situó en un pequeño promontorio hacia el Este, cerca de la Puerta de San Juan.

La parte más antigua de la villa de Aranda de Duero es la que está más cerca de la puerta sobre el puente y la de la izquierda del mapa, ya que esta parte estaba bordeada por el río Bañuelos (afluente del Duero), además de por la muralla, lo cual otorgaba una mayor protección frente a los ataques de los musulmanes.

A partir del siglo XIV las murallas se quedaron pequeñas para albergar a la creciente población de Aranda, que en el siglo XV ya era  mayor de 6.000 habitantes. Como consecuencia de ello se demolió parte de la muralla oriental y se amplió hasta las dimensiones que figuran en este mapa. Este dato se puede observar en cómo se divide la ciudad de Norte a Sur por una calle central, en medio de la cual se sitúa la iglesia de Santa María, construida sobre una iglesia anterior del siglo XIII, de la que sólo queda la torre, y que formaba parte del antiguo muro defensivo de Aranda de Duero.

Cabe destacar que la forma original de la ciudad era más bien circular, tanto la ciudad vieja como la ampliación de los siglos XIV y XV. Esta morfología le otorgaba una mayor facilidad de defensa. Asimismo, contaba con puertas en las murallas que daban acceso a las seis calles principales de la villa, lo cual facilitaba el tránsito de viajeros y el trasiego de mercancías en sentido radial. Aunque la estructura interna de la villa se organizaba en barrios separados por estas calles principales, el trazado de cada uno de ellos es claramente irregular, como se aprecia en la aglomeración de casas.

Entre el siglo XIV y el XVI, Aranda vive una época de gran esplendor. La ciudad, que ya había sido nombrada villa de realengo, pasa a ser un punto estratégico para la comunicación entre las dos Castillas, Aragón y Francia, lo cual favoreció su desarrollo económico, político y social. Aranda mantuvo una dedicación agrícola, ganadera y vitivinícola al tiempo que ejercía funciones y oficios propios de carácter urbano. Esta combinación de actividades propició una marcada diferencia social: por un lado labradores y los pastores, y por otro los comerciantes, burgueses y administradores.

Aranda es históricamente es conocida por haberse celebrado en 1473 el Concilio de Aranda, con presencia de la princesa Isabel I de Castilla. También por poseer el plano urbano más antiguo de España, el de esta imagen, que es también el documento cartográfico más antiguo del Archivo General de Simancas. En este plano se basaron los conquistadores españoles para la construcción de las nuevas ciudades coloniales en el Nuevo Mundo recién descubierto por la Corona de Castilla.

Actualmente Aranda de Duero es uno de los puntos industriales y de población más importantes de la provincia de Burgos. La actividad agraria, ganadera y vitivinícola sigue muy presente, aunque durante los siglos XIX y XX han ido apareciendo nuevas actividades industriales, que han favorecido su crecimiento demográfico y urbanístico.

Diego Díez Alonso

 

25/06/12

MANRESA (Bernalt Espinalt, 1786)

Esta imagen de Manresa es una xilografía o grabado en madera, realizado por Bernat Espinalt en el año 1786. El grabado explica bien la estructura de la ciudad y deja patente la importancia de la iglesia y de la defensa en la época medieval como principales factores que configuran su urbanismo. Sin embargo, lo que me ha llamado más la atención de este grabado es que a pesar de estar realizado en el siglo XVIII, la ciudad conserva plenamente su caracter medieval y, a grandes rasgos, se halla inalterada desde el siglo XIV, lo que realmente ha sido un descubrimiento para mi.

En su origen Manresa nació alrededor de una fortificación situada en lo alto del Puigcardener, cerro rocoso que se erige a orillas del río Cardener. Esta disposición le hace tener muy buena defensa. Hay que tener en cuenta que en la época de su fundación, en el siglo IX, ésta era una tierra de frontera entre los cristianos y los árabes. De hecho en el siglo X llegó a ser conquistada y destruida por los árabes. Durante el siglo XI Manresa cobró importancia por su situación fronteriza y empezo a desarrollarse. Ramon Berenguer I, Conde de Barcelona, y el Abad Oliva, obispo de las diócesis de Vic y Manresa, promovieron la construcción de la iglesia de Santa Maria en el Puigcardener, así como el primer cerco de murallas, que albergaba la plaza del mercado y las viviendas y edificios circundantes.

Durante toda la Edad Media Manresa siguió creciendo y se fueron demoliendo y ampliando las murallas hasta cuatro veces.  En el siglo XIV, época de máximo esplendor de la ciudad, tuvo lugar la última y más importante ampliación de las murallas, y se empezaron las obras más relevantes que aún hoy son las señas que la identifican: la basílica de la Seu, los puentes Vell i Nou y la Sèquia que aún trae agua hasta la ciudad. Manresa pasó a tener una notable importancia religiosa y comercial, como principal centro de mercado de toda la comarca, dedicada sustancialmente a las actividades agrícolas. En la Edad Media también se construyeron gran cantidad de iglesias y conventos tanto dentro como en los alrededores de la ciudad, además de dos hospitales a extramuros, que también pertenecían a órdenes religiosas. La iglesia muestra su gran importancia social y económica a través de las edificaciones y la configuración de la ciudad en esta época.

A pesar de que Manresa dejó de ser tierra fronteriza, conservó su estructura amurallada hasta varios siglos después. Las casas se apiñaban dentro de la ciudad en una estructura irregular de callejones estrechos, algunos incluso cubiertos por cobertizos. Poco a poco, al llenarse todo el espacio, surgieron nuevos barrios que se apoyaban en las murallas y que fueron integrados por las sucesivas ampliaciones de las mismas. La ciudad sigue conservando su estructura defensiva medieval hasta el siglo XIX. Entre los siglos XIV y XVIII se realizaron varias modificaciones en las murallas, más que nada para reparar los desperfectos sufridos en distintas contiendas, pero la ciudad se mantiene durante todos estos años sin crecer apenas. No fue hasta la Revolución Industrial y el consiguiente éxodo del campo a las ciudades que Manresa volvió a crecer y desarrollarse.

Coincidiendo con la llegada de la industria, a finales del siglo XIX, y con la llegada de nuevo armamento y medios de transporte, las guerras y los ejercitos cambian y dejaron las murallas totalmente inoperantes. El ayuntamiento ordenó así la destrucción de la mayor parte de las murallas, la creación de avenidas arboladas en los espacios liberados y la proyección de ensanches y poligonos. Manresa se expandió a partir de entonces, después de varios siglos de estancamiento dentro de sus murallas.

Roger Cadevall Artigues

 

24/06/12

ALICANTE (1794)

Para realizar este trabajo hemos tomado como referencia un plano de la ciudad de Alicante,  realizado en el año 1794, cuyo autor es anónimo. En la parte inferior existe una leyenda que dice  “Vista Geométrica de las Murallas, Torreones, Batería de las Forcas, Baluarte de San Carlos y el Proyecto nuevo”, y en el ángulo inferior derecho encontramos la “Explicación” o clave del plano. En la parte superior, a la izquierda, podemos encontrar el título en cartela arquitectónica y, sobre ella, el escudo de la ciudad.

Se trata de un relieve sombreado, a la acuarela en ocre, imitando las curvas de nivel. Existe representación de cultivos y arbolado. Según la información de la Biblioteca Nacional, el manuscrito se encuentra sobre papel iluminado a la acuarela en verde, ocre y azul, mientras que las edificaciones están coloreadas en carmín. La imagen nos sirve para analizar la tipología de plano urbano, que todavía a finales del siglo XVIII presentaba una morfología irregular, en el que las calles no presentan un orden fijo.

El contexto histórico en el que se sitúa es a finales de la Edad Moderna. Durante los siglos que van del XVI al XVIII Alicante se fue afirmando como ciudad, configurándose poco a poco como un enclave portuario en el que el comercio adquiría progresiva importancia. En este tiempo se produjo un notable crecimiento urbano acompañado de un incremento de las actividades económicas, entre las que se incluyen la agricultura y el comercio. La sociedad se fue enriqueciendo con aportes migratorios de procedencia diversa y Alicante se configuró cada vez más como un lugar emprendedor, donde era posible realizar buenos negocios (de ahí que se instalaran diversas compañías europeas).

El plano nos muestra Alicante en el año de 1794, en el que se enfatiza el interés por las defensas militares y por poner en condiciones los cuarteles existentes en la ciudad. Son numerosas las referencias documentales a este respecto, provocada por el ambiente de inestabilidad política reinante en aquella época. Las copiosas lluvias caídas en la región entre 1792 y 1797 ocasionaron deterioros importantes en el trincherón, construido a principios de ese siglo, así como en el Baluarte de San Carlos, que se detalla en el mapa. A consecuencia de ello, el 26 de mayo de 1794 el rey aprueba por Real Orden que se conserve la muralla o trincherón, y que en el Baluarte de San Carlos se hagan las reparaciones necesarias.

La estructura de la ciudad de Alicante está condicionada por tres elementos fundamentales que han configurado históricamente su asentamiento y desarrollo: la topografía, el núcleo edificado y la costa.

En relación al primero, el condicionante topográfico, cuenta con una primera línea de montañas junto al mar (Benacantil, Sierra del Molinet, San Julián, Serra Grossa, etc.), una segunda línea de elevaciones menores en arco (Muntañeta, Chorret, San Blas, Tosal, etc.) y los diferentes barrancos y cañadas que se forman entre ellas. La primera muralla defensiva se construyó en época musulmana y hasta el siglo XVIII apenas sufrió modificaciones.  

En cuanto al condicionante urbano, lo podemos encontrar en el núcleo edificado de la ciudad, al pie del Benacantil, que hizo necesario que la ciudad tuviera que plantear sucesivos proyectos de fortificación para garantizar las necesidades defensivas de la urbe en su crecimiento.

Finalmente, el condicionante costero provoca que el litoral sea el flanco más vulnerable a los ataques de armadas enemigas o piratas, abundantes en el Mediterráneo. Esto también condicionó el sistema defensivo de la ciudad (el frente del mar) y su entorno (ante defensas exteriores y torres defensivas de la costa).

Entre los elementos urbanos destacados en el plano se encuentran los siguientes. Primero el Baluarte de San Carlos, que empezó a construirse al borde de la playa en 1691, según el proyecto de J. Castellón y P. J. Valero, con la intención de defender el Arrabal de San Francisco de los posibles ataques venidos del mar. De ahí arrancaba la muralla en dirección al Portal de San Francisco.

En segundo lugar la muralla, que tuvo su origen en el Medievo Islámico (siglos XI – XII), aunque fueron reforzadas por el rey Jaime II a finales del XIII, y posteriormente en el XVI mediante la construcción de nuevos torreones. Algunos de estos torreones fueron el de San Francisco junto a la puerta de la Huerta, el de San Esteban cerca del Portal de Elche, y el de San Sebastián junto al Portal Nou, todos ellos entre los años 1530 -1540. La Guerra de Sucesión obligó a reparar y reforzar las murallas y torreones para hacer frente al fuego de artillería, creándose un nuevo anillo defensivo que tomó como elemento de apoyo el Baluarte de San Carlos. En 1858 la ciudad de Alicante fue desartillada y se inició el derribo de gran parte de las murallas.

En tercer lugar, el Castillo Santa Bárbara, situado en lo alto del monte Benacantil con una situación estratégica de alto valor porque permite dominar todo el llano de Alicante. Las primeras noticias de la existencia del castillo datan de la época islámica. Producida la conquista cristiana de la ciudad a mediados del siglo XIII, parece que el castillo mantuvo su estructura. A principios del siglo XVI Carlos I ordenó que se fortificase la ciudad y el castillo de Alicante, pero no fue hasta la segunda mitad de este mismo siglo, por orden de Felipe II, cuando que se hicieron las obras que convirtieron al Castillo de Santa Bárbara en el ejemplo más relevante de la arquitectura militar renacentista de la Comunitat Valenciana. Transformado en una extraordinaria fortaleza durante los siglos XVII y XVIII, en el siglo XIX fue perdiendo importancia militar, pasando a tener funciones exclusivas de prisión.

Por último, el puerto, fundamental por ser el mar un pilar básico en el crecimiento cultural, económico y estratégico de la ciudad. Las pocas referencias del Medievo, impiden datar exactamente la construcción de un muelle en Alicante, pero Alfonso X el Sabio declaró la ciudad como Puerto Público del Mediterráneo en 1271. Durante la Edad Media y Moderna, la principal actividad comercial se basó en las exportaciones de pasas, frutos secos, esparto, sal y vinos. En el siglo XVIII la barrilla y la sosa fueron los productos más importados. Debido a su mal estado, en 1803 se constituyó una primera Junta de Obras del Puerto de Alicante, que fue renovado según el trabajo de Manuel Miralles en 1794.

Juan Israel Berna Parres

 

23/06/12

BARCELONA (Anton van den Wyngaerde, 1563)

La imagen seleccionada es un dibujo de un paisajista flamenco llamado Anton Van den Wyngaerde, también conocido como Antonio de las Viñas.  Este dibujante del siglo XVI recibió un encargo de Felipe II en 1561 para que dibujara muchas de las ciudades Españolas. Por este motivo dejó una colección de 62 dibujos donde se encuentran ciudades como Madrid, Barcelona, Toledo, Xativa, Córdoba y muchas más. Estos dibujos destacan por presentar vistas panorámicas llenas de detalles, que nos permiten identificar muchos de los puntos clave de dichas ciudades. Esta imagen corresponde a Barcelona y esta fechada en 1563.

Cuando se quiere analizar la morfología de una ciudad hay algunos aspectos claves que nos ayudan en la investigación. En todo entramado urbano hay elementos que reflejan cada época histórica  del lugar y que nos ayudan a reconocer, incluso actualmente, tanto su evolución histórica como sus distintas etapas de crecimiento. De esta manera se hacen especialmente relevantes características como la disposición y estructura de las calles o  los tipos de edificios y sus funciones, o incluso las características topográficas de su localización, así como los aspectos socioculturales que predominan en cada zona  de la ciudad y que influyen de una manera determinada en su morfología.

Entre los elementos que se destacan en la imagen y que son  básicos  para entender la evolución y estructura de la ciudad de Barcelona, se encuentran los siguientes.  

En primer lugar el puerto, que  ha sido el motor tanto económico como cultural de la ciudad a lo largo de su historia. Barcelona tiene sus orígenes precisamente en un puerto natural entre el río Llobregat y una pequeña montaña, actualmente denomina Montjuic. Aunque hay indicios de asentamientos iberos, el origen documentado del puerto de Barcelona es de época romana y se trataba de un puerto menor en comparación el de la vecina Tarraco. No es hasta la época medieval cuando el puerto y la propia ciudad de Barcelona llegaron a ser un enclave comercial realmente importante, convirtiéndose en la capital marítima de la Corona de Aragón. Su importancia en la morfología de la ciudad es tal que si nos fijamos en la imagen y en la evolución de la ciudad podríamos decir que hasta el siglo XIX la ciudad creció alrededor de este elemento. La actividad comercial  y marítima fue uno de los factores constantes en cada una  de las etapas de crecimiento de la ciudad.

En segundo lugar, la montaña de Montjuic, que desde los orígenes de la ciudad ha servido como punto de control y vigilancia tanto para las posibles agresiones externas como para el control de los propios habitantes.  Hasta 1640 que no se construyó ninguna fortificación importante en la montaña, aunque como se puede apreciar en la imagen, en el siglo XVI ya existía una atalaya que servia tanto de vigilancia como de aviso para los barcos. El actual castillo de Montjuic data de 1751. 

Una función importante de la montaña es que sirvió como fuente de recursos, sobre todo de piedra, que sirvió para material de construcción en el proceso de crecimiento de la ciudad de Barcelona. Durante la época medieval, sobre todo, Montjuic fue la cantera de la que se extraían las piedras de los edificios y de las murallas de la ciudad. Hasta la Exposición Internacional de Barcelona, de 1929, no se urbanizará tanto la montaña como sus alrededores. En 1992 sufrió su última remodelación para albergar uno de los mayores equipamientos deportivos para la celebración de las Olimpiadas. Por último hay que resaltar su carácter limítrofe, ya que ha constituido durante muchos siglos una línea de fijación natural, que junto con la Sierra de Collserola limitaban  históricamente la evolución de Barcelona. 

En tercer lugar, las murallas. Como ciudad medieval, Barcelona ha tenido diferentes murallas y ampliaciones. En la imagen se pueden apreciar tanto la segunda muralla, de época medieval (la primera era de época romana), como la segunda, que data de 1260. Las murallas reflejan la evolución histórica de Barcelona y su progresiva expansión en el territorio. Actualmente este trazado de las murallas corresponde a grandes vías de la ciudad. En la imagen hemos resaltado la Rambla, uno de sus paseos más importantes. En la actualidad, la última muralla que se ve junto al Montjuic correspondería al recorrido de la Avenida del  Paralelo y terminaría  en las atarazanas del Puerto de Barcelona, como se puede apreciar en la imagen.

Como en la mayoría de las ciudades medievales  la disposición de las calles de Barcelona era irregular y estrecha, donde los edificios se amontonaban unos contra otros. Todavía se conserva la mayor parte de estas calles, en el núcleo señalado en la imagen, que hoy recibe el nombre de Barrio Gótico y es uno de los lugares más visitados por el turismo, a causa de su gran importancia histórica y cultural. Algunos de los edificios más destacados son de carácter religioso, , como era característico en la época. Ejemplos de ellos son la Catedral y la Basílica de Santa María del Mar, aunque también hay una gran presencia de edificios de carácter institucional y económico debido a su estatus de capital y a su tradición comercial y  marítima.

Aunque a lo largo de su historia la ciudad fue expandiéndose, hasta que en 1897 fueron agregados la mayoría de los municipios circundantes. Durante el siglo XIX se había comienza gestado un gran cambio urbanístico que acabaó con el desarrollo del “Eixample”, un nuevo modelo de organización de tipo ortogonal que pretendía unir todos estos municipios e integrarlos en la Ciudad Condal de forma regularizada.

Por último, cabe señalar la sierra de Collserola, que es un elemento geográfico muy influyente en la evolución de la ciudad. Actualmente es un parque natural y constituye un gran pulmón para la ciudad. En la imagen se puede apreciar cómo envuelve la mayor parte de Barcelona y ejerce de limite natural. Junto con Montjuic y el río Llobregat, ha sido un elemento fundamental tanto en el crecimiento como en la evolución de Barcelona. 

Bruno Bergada Casas

 

21/06/12

NUEVA YORK (1660)

 

La imagen elegida es un nuevo borrador del llamado Plan Castello, un mapa de la ciudad de Nueva York realizado en 1660. El original, fue diseñado por el topografo Jacques Cortelyou. Éste recibe el nombre de la villa italiana donde fue hallado en 1900. En 1916 fue editado por John Wolcott Adams (1874–1925) y I. N. Phelps Stokes (1867–1944). Es una vista aérea que, con gran detalle, nos muestra los últimos años de colonización holandesa de la parte inferior de la isla de Manthattan, concretamente en el año 1660.

Nueva York fue fundada con el nombre de Nueva Ámsterdam por los holandeses, que fueron los primeros europeos en llegar a esta parte del continente americano. No fue tarea fácil la de la instauración de los llamados Nuevos Países Bajos. Un alto coste económico y humano fue necesario para su levantamiento. Pero en ella se encontraban valores añadidos que en un futuro se pensaba que compensarían los gastos de la construcción de la nueva colonia.

La fundación oficial tuvo lugar en 1626 y fue obra de Pierre Minuit, con la intención de concentrar a un buen número de colonos dispersos por diferentes territorios norteamericanos. Para esta labor se confió la adminstración de la colonia a responsables que no en todo momento supieron llevar la tarea a buen puerto. En varías ocasiones su gestión tuvo que ser controlada y reconducida. Así, en 1647 Peter Stuyvesant se hizo cargo de la colonia e intentó llevar adelante proyectos de construción de puentes, escuelas, muelles y fortificaciones. Como consecuencia de todo ello, hacia 1660 la población rondaba el millar de habitantes.

Con el ánimo de erigir una ciudad capaz de mover una importante red comercial, se construyeron numerosas edificaciones según la arquitectura tradicional holandesa, así como calles bien definidas y canales que recordaban a Ámsterdam. La defensa de sus intereses llevó a que la colonia, en sí misma, se convirtiera en una auténtica fortificación. Para ello fue protegida por una sólida muralla que con el tiempo dio nombre a la calle “Wall Street”. En su origen, éste fue el límite de la ciudad y actuó como línea de protección frente a los ataques de los indios o de los colonos de otros países como Inglaterra. Aunque también se barajan otras hipótesis, como que su verdadera función era la de impedir la huida de esclavos.

También se construyó un fuerte, que funcionó como centro militar y civil, pues en él se concentraban también una escuela,  una  iglesia, un molino, etc. Todo ello contribuyó, con el paso de los años, a ampliar la estabilidad social y las actividades económicas de los colonos. El comercio de pieles, tan importante en un primer momento, fue progresivamente suplantado por la exportación de productos alimentarios y tabaco.  

Los administradores de la colonia instauraron además un sistema catastral, con el fin de controlar las edificaciones y ordenar el crecimiento urbano. Igualmente, se procuraron medios para que la comunicación y el transporte de mercancías entre el norte y el sur de la isla de Manhattan se realizase de la mejor manera posible. El canal central que nos muestra nuestra imagen, es un buen ejemplo de ello y ha sido heredado por el trazado urbanístico de la ciudad hasta nuestros días: este canal es actualmente “Canal Street” y conecta con la avenida de “Broadway”, un antiguo camino indio que fue respetado en el acuerdo de colonización por su importancia religiosa.

En 1664 finalizó el dominio holandés sobre Mahattan. La rivalidad marítima entre Inglaterra y Holanda se dió por terminada con la victoria de la primera y la colonia pasó a manos británicas, que la reubatizarón como New York en honor al Duque de York, hermano del rey Carlos II Estuardo.

Inmaculada González Meseguer

 

19/06/12

VITORIA-GASTEIZ (1812)

A finales de la Edad Media Vitoria contaba con un doble circuito amurallado que respondía a sus necesidades de defensa militar, como la práctica totalidad de las ciudades medievales. Esta defensa no solo se pretendía hacer frente a las posibles agresiones militares. La ciudad se protegía también cerrando las puertas de sus murallas a todos aquéllos que eran considerados “indeseables”, lo que incluía a mendigos, alborotadores, apestados, etc. Otra función a tener en cuenta es el control de accesos de mercancías a Vitoria que se conseguía gracias a las puertas, y el consiguiente cobro de aranceles que nutrían en buena medida los recursos económicos de la hacienda municipal.

Por otra parte, la muralla delimita un espacio protegido por el fuero otorgado por el rey Sancho VI en 1181. Este fuero suponía una garantía de las libertades urbanas y de una determinada forma de organización de la convivencia,  claramente diferenciado del ámbito rural circundante. Fuera de sus muros fueron desarrollándose pequeños núcleos de población, como el arrabal del mercado y las redovas, o los barrios de San Ildefonso al este, Arriaga y Santa Lucía al norte, Aldabe al oeste y Santa Clara y la Magdalena al suroeste. Con el devenir de los años estos núcleos de población pasaron a formar parte de la ciudad de Vitoria-Gasteiz.

Vitoria conservó el casco medieval hasta el siglo XVIII con escasas modificaciones. Los cambios urbanísticos se produjeron como consecuencia del crecimiento de la propia ciudad y de su número de habitantes. Las casas fueron invadiendo los muros de la ciudad, cuya importancia defensiva decaía, aunque no así su función económica medida en el cobro de aranceles por las mercancías que la atravesaban. El exceso de corredores que comunicaban muros y casas daba a la ciudad una imagen de abarrotamiento que hacía latente la necesidad de invadir el espacio situado al otro lado de las murallas. Ante esta situación, en el siglo XVIII las murallas se derribaron, iniciándose una importante transformación urbanística que tendría su pleno desarrollo en el siglo siguiente.

El ensanche tuvo como elemento fundamental la construcción de la Plaza Nueva. El espacio elegido para su ubicación fue el “Fondón del Mercado” salvándose así el desnivel que separaba esta zona con el casco medieval situado en la colina. Se denominó en origen Plaza Nueva pero durante el siglo XIX fue conocida como Plaza de la Constitución y albergó la Casa Consistorial. Otra obra relevante fue la edificación de los Arquillos, que finalizó en 1801. Además de estas edificaciones, Vitoria contaba con numerosos edificios de épocas anteriores, principalmente de carácter religioso como la Catedral de Santa María del siglo XIII, la Iglesia de San Pedro del siglo XIV, la Iglesia de San Vicente del siglo XV, Torres defensivas como las de Anda y San Vicente de estilo gótico, El Portalón, casa de comercio de la ciudad construida en el siglo XV, o los numerosos palacios como el de Villasuso, el de Escoriaza-Esquivel, el de Bendaña o el de Montehermoso.

Desde su construcción en el siglo XVI, el Palacio de Montehermoso fue residencia habitual de los monarcas españoles cuando hacían parada en Vitoria, así como también de otras personalidades de la nobleza. Allí se hospedó Fernando VII de paso a Francia para entrevistarse con Napoleón y perder después la Corona, y también allí fue acogido José I Bonaparte de camino a Madrid, el 12 de julio de 1808. Esto nos da una idea de la importancia de la capital alavesa como enclave situado en el eje principal de comunicaciones entre Bayona y Madrid.

La ciudad de Vitoria jugó un papel relevante en la Guerra de la Independencia contra lños franceses, de 1808 a 1813. Por un lado está el hecho de que durante un breve periodo José Bonaparte instaló allí su corte. Por otro, destaca la importantísima Batalla que tuvo lugar el 21 de junio de 1813, y que prácticamente dio por terminada la confrontación bélica. Pero lo que realmente afectó a la ciudad es que, desde noviembre de 1807, miles y miles de soldados franceses pasaron por Vitoria con destino a Portugal y al resto de la península. En la capital se establecieron unos 6.000 y otros tantos en la provincia. Las tropas eran alimentadas y mantenidas por los alaveses mediante contribuciones e impuestos que reducían los haberes de las arcas públicas y privadas. Esta técnica militar francesa de “abastecerse sobre el terreno” a costa de los ocupados disparó el nivel de la deuda soportada y provocó en gran medida que muchos ciudadanos de Vitoria-Gasteiz se unieran a las guerrillas.

Durante la guerra, Vitoria estuvo dividida en tres bandos: los afrancesados, compuestos principalmente por la aristocracia, que creían que el gobierno de Napoleón era una oportunidad para el progreso (los franceses trajeron la ilustración y el liberalismo frente al aboslutismo tradicional); y los patriotas, que a su vez se fraccionaron en dos grupos, los constitucionalistas o liberales, y los que querían volver al absolutismo.

Según el censo de Aranda, la ciudad tenia a finales del siglo XVIII un total de 6.302 habitantes que se estiman en torno a los 7.000 al inicio del siglo XIX. El porcentaje de crecimiento poblacional en Vitoria alcanzaba el 15,82 %, produciéndose además un fuerte rejuvenecimiento de la población debido más a la disminución de la mortalidad infantil que al aumento de la natalidad. Las actividades económicas más importantes eran las relacionadas con el textil y la confección, seguidas de la construcción y las del cuero o piel. Apareció un nuevo tipo de comercio, el comercio por menudo de todo tipo de especiería, ropas y comestibles, a través de mostradores tendidos en calles como Herrería y Zapatería.

Si tenemos en cuenta el contingente de soldados asentados en Vitoria en proporción a su número de habitantes podemos llegar a la conclusión de que la ciudad era un gran cuartel, en el que las tropas francesas destinaron iglesias y conventos a diferentes usos: San Pedro a almacén de ropa para la tropa; San Miguel a cárcel de prisioneros; San Ildefonso a hospital; Santa María a polvorín; y San Vicente a molino harinero. Conventos como el de San Francisco se convirtieron en hospital militar y otros sirvieron de cuadras y de parques para el armamento.

La Batalla de Vitoria tuvo lugar el 21 de Julio de 1813. Dos días antes, el 19 de junio de 1813 José I Bonaparte había llegado a Vitoria-Gasteiz en su retirada desde Madrid acompañado por el mariscal Jourdan y por un ejército de 60.000 hombres. El ejército francés estableció sucesivas líneas de defensa según avanzaba hacia Vitoria, colocando la primera en el alto de San Juan de Jundiz. Mientras tanto, las fuerzas aliadas encabezadas por el Duque de Wellington, tomaron los montes de Vitoria y avanzaron hacia la ciudad cruzando el rio Zadorra a la vez que el ejército francés se replegaba hacia la ciudad. A la tarde del día 21 tras un duelo de artillería sin precedentes, Jourdan aconsejo a Bonaparte que ordenase la retirada general, que en realidad se convirtió en huida. José Bonaparte cruzó Vitoria protegido por  las tropas y consiguió llegar a Salvatierra entrada la noche para en la siguiente jornada seguir la huida en dirección a Pamplona.

Ainhoa Zabaleta Fernández

 

18/06/12

BARCELONA (Franz Hogenberg, 1572)

La actual Barcelona recibió en la época romana el nombre de colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcina y estaba situada en la cima del Monte Taber. Anteriormente se había establecido en este lugar la tribu ibérica de los Layetanos. El territorio fue convenientemente estructurado mediante un proceso de centuriación (parcelación) organizado en dos ejes (cardo y decumanus), para reservar zonas de uso común o público. Así, las diez hectáreas que ocupaba Barcino se dividían en calles que formaban una cuadrícula: los decumani (calles longitudinales) y los cardi (transversales), mientras que en los extremos de las dos calles principales se abría una puerta de acceso a la muralla.

Barcelona fue en un primer momento fue habitada por legionarios. Más tarde vinieron comerciantes, funcionarios, militares, artesanos, obreros y muchos esclavos. Era una ciudad pequeña, de unos 2000 habitantes, a la que llegaba el agua por dos acueductos que entraban desde Collserola y el río Besós. En el siglo IV d.C. se ampliaron y fortificaron las murallas, de las que todavía hoy quedan restos visibles. Fuera de la muralla el espacio estaba deshabitado, sólo había campos y huertos para abastecer a la ciudad, así como necrópolis o cementerios.

Poco a poco, la ciudad fue creciendo y expandiéndose alrededor de la muralla, apareciendo nuevos arrabales que necesitaban protección. La Barcelona actual es el resultado de un cúmulo de hechos y vidas que han tenido lugar y que han contribuido a forjar la forma y el estilo de la ciudad. Ha sido un proceso muy largo y complejo, que no se acaba. La ciudad se construye, se destruye y se reinventa, dejando en el proceso mucha ruina y sedimentos que contienen trazas de la vida de los ciudadanos del pasado.

Al final del siglo XV, Barcelona ya era la ciudad más grande Cataluña, pero su crecimiento en los siglos siguientes (XVI y XVII) fue moderado y nada comparable con el de Madrid o París, que lo multiplicaron por cinco. Este crecimiento moderado se debió a las corrientes migratorias y al gran número de residentes temporales. Del 1553 al 1627 se produjo una importante reactivación económica que provocó un aumento de la natalidad. Barcelona mantenía una industria variada con algunos oficios artesanales que provenían de la Edad Media, y otros nuevos orientados al consumo (sastres, zapateros, apotecarios, etc.). Era la ciudad con más gremios y cofradías de toda la Península Ibérica; más de un tercio de la población eran artesanos.

Pero a consecuencia del Descubrimiento de América, la ciudad se quedó al margen de los principales circuitos comerciales y la aventura marítima se descapitalizó, porque las rutas comerciales giraron hacia el Atlántico en vez de al Mediterráneo, como hasta entonces. Este hecho confirmó el paso de una sociedad de burgueses emprendedores a otra de aristócratas rentistas. A pesar de ello tuvo lugar un importante crecimiento demográfico porque además del aumento de la natalidad llegaron a la ciudad sucesivas oleadas de inmigrantes franceses.

Desde el punto de vista urbanístico, Barcelona mostraba en el siglo XVI, cuando fue realizada esta imagen, un desarrollo característico de la Edad Media. Como novedades importantes se produjo una nueva apertura hacia el mar, con la construcción del puerto  y la muralla de mar a partir de 1598. Previamente se había levantado una nueva muralla marítima, siguiendo las modernas técnicas de defensa que habían cambiado según los progresos de la artillería. La visión del rey Carlos I y la de los consejeros barceloneses (que tenían el sistema defensivo de la ciudad entre sus competencias) no era la misma. El primero pensaba en términos militares y los segundos estaban más preocupados porque la nueva muralla no tapase las vistas de la ciudad. La obra, finalmente,  no tuvo una gran incidencia en la trama urbana porque se centró en el derribo de cuatro manzanas de casas de pescadores, que no estaban en buen estado. El derribo empezó en 1551 y en 1562 la muralla estuvo lista. 

Paula Primo Hernando
 
 
17/06/12

MATARÓ (Lluís Esplugues, 1872)

La imagen analizada es una pintura de Lluís Esplugues del año 1872, que muestra la ciudad de Mataró desde el mar, cuando todavía conservaba gran parte de su trazado urbano original aunque ya había comenzado su desarrollo industrial.

La estructura urbana de Mataró, sin embargo, estuvo condicionada por su cercanía a la costa y una  muralla que la defendía de los ataques piratas desde el siglo XVI. La primera muralla estuvo en torno a la basílica de Santa María, pero con el posterior crecimiento demográfico se hizo imprescindible la construcción de una segunda muralla que protegiera a la ciudad de los saqueos. Sus obras fueron autorizadas por el virrey en 1569 pero hubo complicaciones con algunos propietarios afectados, que se mostraron estaban disconformes. Esto retrasó la construcción hasta que en 1579, el virrey Fernando de Toledo ordenó el levantamiento de la muralla siguiendo el proyecto diseñado por el ingeniero real J. de Setara. Hoy día, es difícil ver la muralla porque ha quedado derruida, pero sí quedan algunos fragmentos que dejan intuir su recorrido.

El crecimiento demográfico fue constante a lo largo del siglo XVIII. Se vio potenciado por la afluencia de inmigrantes de otras poblaciones atraídas por el creciente tráfico comercial y el desarrollo de la industria textil, además de por ser capital de corregimiento y, por tanto, centro burocrático. Al entrar el siglo XIX continuó el crecimiento demográfico exceptuando el paréntesis de 1854, cuando la epidemia del cólera arrasó la ciudad, dejando unas 2.000 personas muertas. De todos modos, la población experimentó un continuado crecimiento global a lo largo de este siglo y los siguientes, principalmente motivado por la Revolución Industrial.

Anteriormente al desarrollo de la industria, la economía estaba dominada por actividades del sector primario,  sobre todo por la viña, que constituía la mayor riqueza agrícola de Mataró en el siglo XVIII. En el catastro de 1757 se da una muestra de las superficies ocupadas por los diferentes cultivos: 46,8% de viña, 38% de bosque, 6% de campo, 4% de huerta y 5,4% de olivos. Se observa, con el paso del tiempo, un crecimiento de las cosechas debido, seguramente, a un mayor aprovechamiento del espacio y a la modernización de la agricultura. Se destaca la excelente calidad del vino en la época. Como subproducto del vino también se fabricaba aguardiente que, aunque no llegó a tener la relevancia del vino, tuvo un pequeño papel en la producción de la ciudad. El rendimiento de la agricultura, no obstante, fue perdiendo peso en la economía de la ciudad durante el siglo XIX.

El mar también jugó un papel decisivo en la economía de la ciudad. La población implicada en este sector (marineros, pescadores,…) formaban un mundo aparte con costumbres que les diferenciaban de los que trabajaban en tierra firme. Una de las actividades de los pescadores era la de navegar hasta Ayamonte (Huelva) y enseñar a sus habitantes el arte de la salazón de la sardina. La comarca de Mataró fue una de las que más población tenía registrada como profesionales del mar en toda Cataluña. A finales del siglo XVIII disminuyó la población dedicada al mar, perjudicada por la guerra contra los ingleses.

En cuanto al comercio, la primera liberalización del comercio con América decretada por Carlos III en 1765, permitió una importante participación de Mataró en la carrera de las Indias, gracias a que el viaje al Nuevo Mundo se pudiese formalizar sin la obligación de pasar por el registro de Cádiz. El peso de la actividad marítima disminuyó también en el siglo XIX, a favor de otras poblaciones vecinas.

Pero el verdadero impulso económico de la ciudad vino a partir de la construcción del primer ferrocarril de la península entre Barcelona y Mataró, autorizada por el gobierno central y financiada por capital privado (por Miquel Biada). Supuso un importante paso en las comunicaciones y la entrada de la Revolución Industrial en la comarca. La utilización del ferrocarril, en todos los sectores, tuvo un impacto económico importante en los costes empresariales y en la estructura de los mismos dentro de la economía.

La introducción de las máquinas impulsadas por la fuerza motriz del vapor, constituyó toda una revolución en el campo industrial y el principio de la industrialización en la ciudad. La proximidad al mar favorecía el transporte del carbón que se utilizaba para dichas máquinas. Desde ese instante aumentaron en la panorámica mataronesa las chimeneas de los vapores, que iban a darle una nueva fisonomía al caserío urbano…  y un importante impulso económico a la ciudad. Supuso el paso de la ciudad preindustrial a la industrial.

Raquel Villaverde Pastor

 

16/06/12

TOLEDO (Pedro Nobilibus, 1585)

Este grabado del siglo XVI nos muestra un ejemplo de ciudad pre-industrial, concretamente el casco histórico de la ciudad de Toledo. La historia de la ciudad se remonta a la Edad de Bronce y ha acogido diversos pueblos y culturas a lo largo de su historia. Se asienta en la margen derecha del río Tajo sobre una colina o promontorio que el propio río envuelve. De esta forma, la ciudad encontraba una defensa en el foso natural. Su situación geográfica es estratégica, porque constituía paso obligado en la ruta de comunicación y comercio entre las zonas occidental y oriental de la submeseta sur. La proximidad al río propició además una importante industria textil (tenerías) durante la dominación árabe, que perduraría durante muchos siglos junto con la actividad agrícola tradicional, en la vega del río.

El plano histórico de Toledo es desordenado e irregular, con calles estrechas, sinuosas y desiguales, algunas de ellas sin salida. Este trzado es el resultado de la superposición y fusión de elementos islámicos, judíos y cristianos, y responde a la inexistencia de una planificación previa, hecho representativo de épocas antiguas y la necesidad de aprovechar el espacio al máximo. Se conserva prácticamente intacto el trazado musulmán, lleno de adarves, corrales, patios interiores, etc., influido por sus tradiciones culturales y por factores climáticos (las calles estrechas permiten protegerse mejor contra el calor y los vientos). La muralla tenía una triple función: defensiva, fiscal (era donde se cobraban impuestos) y sanitaria (para aislar la ciudad en caso de epidemias). A las vías principales se accedía por las puertas. Las más importantes eran las del Sol, el Cambrón, Alcántara y las puertas de Bisagra Nueva y Vieja.

Las plazas y avenidas más amplias corresponden al siglo XVI y posteriores. Entonces Toledo se convirtió en la Ciudad Imperial y el Renacimiento impuso la reforma urbanística. Durante este  siglo se acomete la apertura de vías y plazas públicas como la Plaza del Ayuntamiento y la de Zocodover. Esta última, de origen musulmán y función original militar, se transformó en sede comercial y de espectáculos como fiestas y corridas de toros. Los jardines se reservaban para el interior de las viviendas, al estilo musulmán, como espacio de privacidad e intimidad.

El Barrio de la Judería se situaba al suroeste, entrando por la Puerta del Cambrón. Presenta ua morfología característica del urbanismo islámico. El comercio era una de las actividades principales de los judíos, que vivían encima de sus tiendas y talleres. Tras su expulsión en 1492 las viviendas fueron ocupadas por los cristianos y los edificios más emblemáticos transformados para la cultura cristiana, como fue el caso de las sinagogas. Actualmente solamente están en pie dos sinagogas, la de Santa María la Blanca y la del Tránsito. En el siglo XVI esta zona adquirió una función residencial y comercial.

El Toledo musulmán no tiene unos límites definidos, puesto que toda la estructura de la ciudad es árabe. La mezquita ocupaba el área de la Catedral y la medina se articulaba en torno suyo, con su zona comercial. Zocos y mercados periódicos se distribuían por las plazas en el norte y este de la ciudad. La construcción más significativa era el Alcázar, residencia militar que más tarde fue utilizada como residencia por el rey cristiano Alfonso X. Su situación privilegiada en la parte más alta de la ciudad permitía controlar los movimientos de la población. Tras la reconquista, las mezquitas se fueron convirtiendo progresivamente en iglesias. Hoy sólo quedan la de las Tornerías y la del Cristo de la Luz, además de varios salones árabes y los campanarios de algunas iglesias, que fueron antiguos almínares.

La reconquista cristiana supuso la alteración de la fisionomía urbana. La modificación más importante vino determinada por la construcción de la Catedral en el perímetro de la medina. Sus dimensiones anularon antiguos núcleos comerciales. Durante los siglos XIV y XV las grandes familias nobles construyeron residencias palaciegas como el Palacio de Fuensalida y otros, que proliferaron en el XVI. En la fecha de este grabado las edificaciones más significativas eran el Hospital de Santa Cruz, cerca del Puente de Alcántara, la reforma del Alcázar y la construcción de las plazas del Ayuntamiento y Zocodover.

La economía toledana se desarrollaba básicamente en el ámbito urbano, ligada muchas veces a la demanda de productos lujosos generada por las clases altas de la sociedad. Así, la industria textil tuvo un gran desarrollo en este siglo, beneficiada también por el aumento de la demanda debida al crecimiento poblacional de la ciudad, la expansión comercial y el amplio desarrollo de las técnicas mercantiles y financieras. Las consecuencias económicas de la colonización de América proporcionaron nuevos mercados y la circulación de metales preciosos, desacando la orfebrería de oro y plata y la industria espadera. En cambio en el siglo XVII esta industria entró en recesión, acentuando la decadencia de Toledo.

Por tanto, la morfología y la estructura urbana de Toledo en el siglo XVI es un reflejo de la sociedad del momento. La estructura de las clases sociales explica los elementos urbanos. El ejercicio del poder político, administrativo y religioso se reconoce en la existencia del Alcázar, la zona del Ayuntamiento y la Catedral. Las diferencias de clases se adivinan en la arquitectura de las viviendas. Comerciantes y artesanos desarrollaban su vida y actividad económica en viviendas de baja altura emplazadas en barrios congestionados, alrededor del núcleo dominante, mientras que la actividad agrícola tenía lugar extramuros.

En conclusión nos encontramos ante una ciudad pre-industrial, parte de la ciudad actual a la que denominamos casco antiguo. Su desarrollo se gestó por el legado de varias culturas. La situación geográfica se debe a razones de tipo económico y estratégico. Su emplazamiento tiene un origen defensivo, adaptado a la topografía del terreno y limitado por una muralla. Su trama viaria es irregular y laberíntica. Las edificaciones dedicadas a vivienda y comercio  se situaban en barrios con callejones y adarves siguiendo la fisonomía islámica. Los lugares de culto religioso son numerosos, destacando la gran Catedral gótica en torno a la cual se organiza la ciudad. La Plaza del Ayuntamiento y la Catedral constituyen el eje del poder político-religioso de la ciudad y el resto de la ciudad se reserva para clases sociales inferiores.

Marta Marrodán García

15/06/12

VALENCIA (Thomas Vicente Tosca, 1738)

Valencia fue fundada por los romanos con el nombre de Valentia en el año 138 a. C. Fue la primera colonia romana en la provincia de Hispania. Posteriormente fue conquistada por los musulmanes en el año 711 d. C. Ellos fueron los creadores de la primera de las murallas que podemos observar en la imagen, la cual fue realizada entre 1021 y 1061, y ampliada en el siglo XII, desempeñando una función principalmente defensiva.

La segunda de las murallas que podemos apreciar es consecuencia de la conquista de Jaime I en 1238. Este recinto amurallado cristiano fue construido en 1356 con el fin de abarcar los nuevos arrabales y barrios formados fuera del antiguo recinto. La nueva muralla, con un perímetro de unos 4 km triplicó la superficie interior, que pasó a tener 142 hectáreas, y su principal función además de ser defensiva era la de evitar las inundaciones que provocaban las inundaciones del río Turia por las lluvias.

El trazado de las calles muestra con claridad la evolución histórica de Valencia, y cuál era su situación todavía en el siglo XVIII, fecha en que fue realizado este plano. Es curioso observar cómo la morfología o forma física de la ciudad es netamente diferente en la parte antigua (musulmana) y en la parte cristiana, pasando de una morfología irregular a una morfología más rectilínea.

Con respecto a su estructura se aprecia claramente el casco histórico, de origen romano (luego musulmán), que está formado básicamente por una amplia plaza con funciones comerciales. También podemos observar edificios de culto cristiano considerados de gran importancia como la Iglesia Mayor y próxima a ella, algunas parroquias, conventos y cofradías de carácter religioso. Del mismo modo se aprecia una línea de fijación o barrera física como es el cauce del río Turia que marca los límites de crecimiento espacial de la ciudad. En el extrarradio, fuera de la línea de fijación, vemos el Palacio del Real, que era la residencia oficial de monarcas, virreyes y capitanes generales. Otros edificios de interés en este punto son el Colegio de San Pio V, donde se formaban a los clérigos menores y algún convento cercano.

Como se ha indicado anteriormente, a partir de la conquista de Jaime I se produjo una importante ampliación de la ciudad que recogió los barrios formados fuera del núcleo musulmán, lo que trajo consigo un incremento sustancial de su superficie. Con respecto al paisaje existente alrededor de la segunda de las murallas, indicar que se compone básicamente de cultivos, tierras de labranza y caminos bordeados de moreras.

Otros elementos urbanos a destacar son los puentes, que unen el extrarradio con la periferia sur de la ciudad, facilitando su acceso a la misma. Sobre estos puentes indicar que su reconstrucción era habitual debido al aumento del caudal del río por las inundaciones que provocaban las lluvias.

En el plano económico y haciendo referencia a las principales actividades en la época, Valencia vivía en el siglo XVIII una etapa de recuperación apoyada en la manufactura de tejidos de seda y otras actividades industriales, como la azulejería. La seda, de forma directa o indirecta, proporcionaba trabajo a más de 25.000 personas. En este sentido cabe destacar el auge de estas manufacturas rurales en simbiosis con la creciente mercantilización agraria. En esta época se produjeron también grandes transformaciones del sector agrícola dando lugar a un elevado grado de integración de algunos cultivos con los mercados interiores y exteriores.

Para finalizar, y como curiosidad, puede apreciarse en el extremo superior izquierdo de la imagen el escudo de la ciudad de Valencia, que ostenta dos “L” cuyo significado es “dos veces leal”. Este título fue concedido a la ciudad por el rey Pedro IV el Ceremonioso, por haber repelido dos veces el asalto de las tropas castellanas, una en 1363 y otra en 1364.

Vicente Esteve Pérez